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Por Francisco Díez.

Los habitantes de Carr-mor están siendo asolados con una plaga desde tiempos recordados por los ancestros. La supervivencia de la humanidad se encuentra en un delicado equilibrio. Cada vez que una mujer da a luz, acepta su muerte; enferma de tal manera que inmediatamente, días, semanas o meses después pierde todo vigor y muere. Así, el primer hijo es el disparo de salida en la carrera hacia una segunda concepción, siendo cualquier madre con más de un par de descendientes una heroína digna de recordar.

Pero una pequeña luz azulada resplandece desde el horizonte. Durante los últimos años, una leyenda pasea entre todos los ciudadanos: un día llegará Sigurn, un hombre con enormes habilidades, casi una deidad, que traerá consigo una cura para la plaga y, con ella, paz y prosperidad entre las gentes de los reinos. Todos viven con un velo de esperanza, que se convierte en una coraza de felicidad cuando, días antes, el gran mago Zoltan anunció la inminente aparición del salvador en la ciudad.

Lía es la joven cúnari (princesa) de Mun-bur; y su padre, Páltor, el gund (rey), parece que va perdiendo salud aceleradamente, incluso temiendo por su vida. Si él muriera, Lía subiría al trono y estaría en la obligación de asegurarlo con un nuevo heredero; debe decidir si casarse con su prometido lo antes posible y ampliar su linaje otra generación, dando su vida a cambio, o esperar ese remedio recientemente anunciado, ante el consumo de la fuerza de su progenitor, mientras el alto mando del templo conspira en su contra hambriento de más poder, y sabiendo que si el palacio queda sin representante, él será el dueño del reino al completo.

Pol es un veintiañero catalán que, huyendo de la policía, se esonde en una cueva en mitad del monte. Allí sufre una extraña experiencia, un traspaso, y tras recorrer el túnel y salir al exterior, queda confuso ante todo el mundo que le rodea. Poco a poco va descubriendo que la geografía del lugar está más definida con abundancia de montañas, collados, bosques, selvas, pantanos y valles, como si nunca ahí hubiera existido civilización moderna alguna. También se va encontrando especies que no había visto antes: árboles de altura imposible, plantas con flores fuera de lo común, lobos del tamaño de coches, tigres del tamaño de elefantes… y personas, pero todos guerreros, como si hubiesen sido educados para luchar y sobrevivir. Aprende a defenderse con rapidez; utilizando la observación, sus aptitudes y algo de suerte consigue incluso dominar bestias que en un segundo podrían destrozarlo. Ante sus hazañas, pronto oye que empiezan a llamarlo con un extraño nombre: Sigurn.

La historia está contada en primera persona por los personajes principales. Cada capítulo se divide en dos relatos, el de Lía y el de Pol; cada parte no transcurre en el mismo tiempo que la otra ni tienen la misma duración, aunque si van narrando algunos mismos hechos que ambos viven en diferentes momentos o localizaciones. De este modo, se hacen totalmente impredecibles las coincidencias y las reacciones causadas por los acontecimientos, llenando de sorpresas las ya repletas tramas de misterio, engaños, amor, fantasía y acción.

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