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Por Eduardo Boix

Si hay algo que me apasiona tanto o más que los libros, es la gastronomía. Me encanta la buena mesa, el buen yantar acompañado de una buena tertulia y regado con un buen vino. Recuerdo cuando hace unos años un grupo de amigos y un servidor intentamos crear lo que podría haber sido una buena sociedad gastronómica. En esas noches de sábado en que cada uno sorprendía al resto con platos como el asado argentino, el guacamole, la cecina leonesa, la torta del casar, el morteruelo, los zarajos, las gachasmigas, el ajorriero o la increíble tortilla de patatas, creábamos el ambiente idóneo para debatir sobre novela negra, poesía o hacer un repaso incisivo de la política en todos sus aspectos. Una de esas noches un libro fue el centro de la mesa.

La cocina del Quijote de Lorenzo Díaz editado por Alianza Editorial , es un recetario muy completo de esos platos recios que tanto han contribuido a la estirpe de los caballeros manchegos. En la estepa helada en invierno y abrasadora en verano, un recorrido gastronómico al hilo de una gran novela de la literatura universal de todos los tiempos. Platos y postres sabrosos, fuertes, contundentes, necesitados de una buena siesta a posteriori. El profundo conocimiento de la cocina de su tierra permite a Lorenzo Díaz, prestigioso gastrónomo y manchego de naturaleza y profesión, ofrecer un texto en el que se entremezclan recetas de tiempos del Hidalgo con divertidas anécdotas y rigurosas precisiones culinarias.

Recordaré toda la vida aquella velada. La mayoría de los platos con los que me he criado salen en ese libro. Mis abuelos maternos son originarios de Madrid y Extremadura, por lo que mi forma de entender la gastronomía es muy quijotesca. Si hay un producto que me apasiona por encima de todos, ese es el queso. Mi abuelo me enseñó a tomarlo de postre y creo que es uno de los más deliciosos manjares que uno puede probar. Como un ritual lo repartía, era la parte de la comida que más me gustaba. Con los años he perdido esa costumbre pero la conservo en mi memoria como algo muy preciado. En el Quijote Sancho no come otra cosa más que pan con queso. Yo que por fisonomía soy un poco Sancho, tal vez podría haber sido un gran escudero del conocido hidalgo. Aún estoy a tiempo en estos tiempos en que los quijotes son necesarios pero aún mas los sanchos. Tiempos en los que los gigantes cada vez se ven más y más grandes.

 

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