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Por Eduardo Boix

Si me remontase 24 años atrás en el tiempo, ahora mismo estaría sentado en un sofá de skay rojo en el que se te pegaba hasta el alma, en el salón del Chalet de mis abuelos, viendo películas de acción en un viejo video Vhs o Beta no lo recuerdo bien. Añoro esos momentos de libertad frente al televisor, viendo una y otra vez las películas que de 10 en 10 nos alquilaba mi abuelo.

Recuerdo que me encantaban aquellas películas, algunas eran verdaderamente malas otras incluso las recuerdo con cariño. Sé que me encantaba Encuentros en la tercera fase, Rambo(la primera) Acorralado era el subtítulo, Rocky, aun hoy escucho la sintonía y me dan ganas de salir a entrenar, Las de Charles Bronson, las de Harry el sucio y todo el cine conocido y desconocido del Vietnam, desde La colina de la hamburguesa a Platoon. Todavía tengo la sensación de estar reviviendo esos momentos. Me llegan olores de aquel salón, de la leña, de los pinos. Luego recreaba lo que había visto en la televisión por todo el campo. Toda la parcela era mi campo de batalla. La obsesión del pueblo americano por aquella vieja guerra en territorio asiático ha sido un tema recurrente en su cine.

De niño evidentemente uno no se fija en las frases, los mensajes te rozan como la lluvia. Tu solo quieres ver a un tío a poder ser enorme dando hostias como panes y disparando sin parar. Los ochenta con sus virtudes y sus defectos parieron un cine muy interesante. Hoy ya pasados los años me declaro fan de actores como Clint Eastwood que han demostrado ser unos grandes profesionales delante y detrás de las cámaras. Porque la muchas de estas película, como por ejemplo la de Rambo tiene un mensaje de derrota muy grande. Antes del 11S, Vietnam fue una astilla infectada en la piel y el corazón de los americanos y este cine es ese reflejo. Seguro que a lo largo y ancho de USA hay muchos Rambos que volvieron a sus casas sin un reconocimiento por los servicios prestados. Es triste ver como una sociedad tan anclada en el nacionalismo y en el militarismo destroza las vidas de personas comunes que se creen esos mensajes y van para salvar a su patria, para luego ser condenados al ostracismo más absoluto. Analizando hoy día todo eso que ví creo que tanta violencia me hizo ver por mis propios ojos su sinrazón, porque de ese era su claro mensaje.

 

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