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Por Eduardo Boix

De un tiempo a esta parte se han puesto de moda, pero siempre han existido. Si buscamos una definición de los bartlebys, son esos seres en los que habita una profunda negación del mundo. Toman su nombre del escribiente Bartleby, ese oficinista de un relato de Herman Melville que, cuando se le encargaba un trabajo o se le pedía que contara algo sobre su vida, respondía siempre, indefectiblemente diciendo: Preferiría no hacerlo. Y eso es un Bartleby alguien que se niega a hacer una actividad, bien por dejadez, bien porque no tiene nada más que contar. Si buscamos a escritores bartlebys podemos encontrar dos referentes claros, uno en habla hispana como es Juan Rulfo y otro en lengua inglesa como es Salinger.

En el relato de Herman Melville, Bartleby el escribiente, el autor narra la historia un abogado de nombre desconocido que tiene su oficina en Wall Street, Nueva York, quien, según sus propias palabras, “en la tranquilidad de un cómodo retiro, trabaja cómodamente con los títulos de propiedad de los hombres ricos, con hipotecas y obligaciones”. Tiene tres empleados, con los apodos de Turkey (“Pavo”), Nippers (“Tenazas”) y Ginger Nut (“Nuez de jengibre”), a los cuales describe en la obra. Turkey y Nippers son copistas, o escribientes, en tanto que Ginger Nut, que tiene sólo doce años, es el chico de los recados. Los dos escribientes no son suficientes para hacer el trabajo de la oficina, por lo cual el narrador pone un anuncio para contratar un nuevo empleado, al reclamo del cual acude Bartleby, quien es de inmediato contratado. Su figura es descrita como “pálidamente pulcra, lamentablemente respetable, incurablemente solitaria”. En un breve epílogo, el narrador comenta que el extraño comportamiento de Bartleby puede deberse a su antiguo trabajo en la oficina de cartas no reclamadas, en Washington.

En estos días tan inciertos a uno le dan ganas de ser un Bartleby. Desaparecer como la bruma en una fría mañana. El acto de la creación es tan extraño y tiene tantos matices que son extraños los disparaderos que nos pueden llevar a una u otra cosa. Yo siempre que lo he querido dejar algo me ha hecho retomar con más fuerza el texto siguiente. Las musas no me dejan dormir, asi que seguiremos siempre adelante. No existe un Bartleby sino más bien una industria que no edita. Siempre escribimos aunque sea para nosotros mismos.

 

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