Los Gremlins.

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por Eduardo Boix

Cuando quiero bromear me miro en el espejo y hablo de la mecha de canas que me ha salido en lo más alto de mi cabeza en medio de la frente. Parezco el gremlin malo digo con resignación. Es evidente que gremlins malos son todos menos aquel tierno peluche llamado Gizmo, pero es una forma de ironizar con el paso de los años.

Recuerdo como si fuese hoy la primera vez que vi aquella película titulada Los gremlins. Saltándose las reglas mis padres me dejaron quedarme a pesar de que al día siguiente era día de colegio. Quedé totalmente fascinado por la historia. Aquellos bichos me hicieron disfrutar tanto que me costó conciliar el sueño.

Años más tarde investigué sobre el origen de la leyenda en la que se basaron los guionistas para crear la historia. Un gremlin es una criatura mitológica de naturaleza malévola y popular en la tradición de países de habla inglesa. Los gremlins son capaces de sabotear maquinaria de todo tipo. Esta percepción popular de los gremlins proviene de un cuento contado entre los pilotos ingleses de la Royal Air Force de servicio en Oriente Medio durante la Segunda Guerra Mundial. La historia intentaba explicar los accidentes frecuentes que se sucedían en sus vuelos. Se comentaba que eran animales que destruían todo, y era una forma de explicar las caídas de los aviones, sin necesidad de ser atacados. Aunque este uso data de la década de 1920, se cita al autor Roald Dahl como el responsable de la popularización del gremlin, al haber escrito sobre estas criaturas en su primer libro infantil, titulado precisamente The Gremlins (1943) y que fue publicado por Walt Disney.

Todavía conservo un peluche de Gizmo el protagonista de la historia. Me sigue dando miedo que un día puede cobrar vida y me pueda atacar. 

Sigo a rajatabla las tres consignas que dice el vendedor del gremlin al padre del protagonista de las dos películas.

  1. No exponer al gremlin a las luces brillantes ni a la luz del sol, ya que ambas lo matarían.
  2. Nunca darle de beber agua ni mojar al gremlin.
  3. Y la más importante, nunca alimentar al gremlin después de la medianoche.

Cuando la vecina de abajo no me deja concentrarme para escribir, deseo que existan estos seres endemoniados y le destrocen la casa. Yo mismo los mojaría y les daría pollo más allá de la medianoche.

Texto aparecido en EL PERSEGUIDOR suplemento cultural del diario de Avisos de Canarias.

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