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2012 Fin Del MundoPor Eduardo Boix.

Como es evidente los agoreros se han quedado con las ganas de que el mundo haya acabado. Los Mayas, como tantos otros, han fallado en su predicción y el día 21 de diciembre de 2012 ni se ha quemado nada, ni han caído meteoritos, ni el Juicio Final se ha llevado a cabo. Nada malo ha pasado, tal vez se aproxime un cambio en el mundo, ya nos estamos dando cuenta de ello, todo está demasiado revuelto.

Si hubiera llegado el fin del mundo yo habría preparado un arcón de madera, donde guardaría los libros que pudieran servir dentro de miles de años a los arqueólogos que investiguen nuestra civilización, sería como las cuevas de Altamira para ellos. En ese arcón condensaría todos y cada uno de los libros que para mí son indispensables para comprender de dónde venimos y a dónde vamos. Desde niño he sido aficionado a la lectura, tal vez una de las primeras obras que seleccionaría sería La cabaña del tío Tom, obra esencial sobre la esclavitud en estados unidos. Todavía recuerdo el olor de aquel viejo libro de la biblioteca del colegio. Diario de invierno de Paul Auster, podría ser el siguiente ejemplo de lo que yo entiendo por literatura, esta obra podría mostrar al hombre del futuro, la vida de un neoyorkino de éxito cuya entrada en la senectud es evidente. El ensayo sobre la muerte de Nigel Barley Bailando sobre la tumba, sería esclarecedor a la hora de que comprenderán, como nos enfrentamos a la muerte las distintas tribus que puebla el planeta tierra. Las novelas gráficas Passollini, Zelda Fitzgerald, Virginia Woolf, podrían ser claros ejemplos de vidas de artistas atormentados por su propia existencia. Diario de un cuerpo de Danniel Pennac será un claro ejemplo de los miedos, las angustias y los anhelos de un hombre del siglo XX y XXI, esos miedos, angustias y anhelos, son básicamente las mismas para todos. Noches azules y El año del pensamiento mágico de Joan Didion, podrán ayudar a los arqueólogos a comprender el dolor humano y como este es capaz de cambiar a las personas.

Estas podrían ser las obras que servirían a los investigadores del futuro para conocer al hombre de hoy. Un ser que basa su existencia no en la búsqueda de la felicidad, si no en regodearse en el dolor. Porque no hay nada más claro, que el dolor es señal de vida. Porque si no tenemos dolor es que estamos muertos.

 

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