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Por Vanessa Díez.

Aguantaba la lluvia de risa que causaba, sin querer, su cuerpo de bufón de ópera, y la risa que causaban sus primeras exposiciones […] Con toda sinceridad. Te he llamado jorobada constantemente y no he dicho nada de tus hermosos ojos, que se llenaban de lágrimas, con el mismo ritmo que sube el mercurio por el termómetro, ni he hablado de tus manos magistrales. Pero hablo de tu cabellera y la elogio, y digo aquí que tenías una mata de pelo tan generosa y tan bella que quería cubrir tu cuerpo, como la palmera cubrió al niño que tú amabas en la huída a Egipto. Porque eras jorobada, ¿y qué? Los hombres entienden poco las cosas y yo te digo, María Blanchard, como amigo de tu sombra, que tú tenías la mata de pelo más hermosa que ha habido en España“. Es parte de la Elegía a María Blanchard de Lorca en la que nos habla de sus problemas físicos, los cuales marcaron su vida con dolor y vergüenza. Por una caída de su madre durante el embarazo nació con una deformidad. Era jorobada, coja, enana y miope.

Su formación fue de Madrid a París. Superó el academicismo, acercándose a la estética fauvista y practicando el cubismo emergente en aquella época. Paris significó la libertad. Tuvo una época cubista, aunque nunca abandonó el figurativismo, aún después de superar tal época se encuentran influencias en la composición. Conoció a pintores como Diego Ribera o Juan Gris. Tras su primera época en París regresó, dedicándose a la enseñanza. Las burlas de sus alumnos por su aspecto físico le hicieron abandonar. Regresaría a París definitivamente. En el retrato que la pintora sueca Tora Vega Holmström le hizo en 1921 observamos una mujer ausente, realmente encontró consuelo en la soledad y el aislamiento de la sociedad que tanto daño le hizo.

La enfermedad, el abandono físico, los problemas económicos y la sobrecarga familiar aceleran su final. En L´Intransigeant aparecería: “La artista española, ha muerto anoche, después de una dolorosa enfermedad. El sitio que ocupaba en el arte contemporáneo era preponderante. Su arte, poderoso, hecho de misticismo y de un amor apasionado por la profesión, quedará como uno de los auténticos artistas y más significativos de nuestra época. Su vida de reclusa y enferma, había por otro lado contribuido a desarrollar y a agudizar singularmente una de las más bellas inteligencias de ese tiempo“. No olvidemos que formó parte de exposiciones en París, Bruselas o Londres, aunque fuese olvidada en sus raíces. Murió de tuberculosis a los 51 años.

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