UA101349465-1

Por Eduardo Boix

Los hermanos Lumière crearon el cinematógrafo como una apuesta personal por darle más vida, si cabe, a la fotografía. Más que pensar en una industria como está hoy dia planteado, creo que para ellos era algo mágico conseguir dar vida a todo aquello. Tambien George Meliès que fue pionero en la utilización del truco de sustitución de elementos mediante el parado de la cámara, y también lo fue en la exposición múltiple del negativo (doble sobreimpresión) y los fundidos a negro y desde negro. Invirtió una gran cantidad de dinero para la creación del que se consideró el primer estudio de cine, en el que se utilizaron sistemas mecánicos para ocultar zonas al sol, trampillas y otros mecanismos de puesta en escena. Meliès resulto ser el principal maestro de lo que hoy conocemos como narración cinematográfica, además coloreó los fotogramas de sus películas dando un aspecto más artístico si cabe a sus obras.

La industria norteamericana ha hecho que veamos el cine como un negocio puro y duro. Todo lo que salga de la narración trepidante y repleta de efectos especiales no tiene cabida para el gran público. Pero si nos paramos a pensar mucho tipo de arte tampoco está realizado para la masa. En la era de internet todo tiene que ser rápido, corto. Como en la publicidad, si un plano dura más de dos segundos se hace eterno. Pero hay una serie de artistas, a los que llamaremos cineastas que hacen otro trabajo totalmente diferente. Victor Erice, Jaime Rosales o Albert Serra, son claros ejemplos de arte en movimiento, de cómo se pueden realizar producciones no convencionales, y eso en los tiempos que corren es maravilloso.

El pasado lunes la ballena imantada (agencia de arte) organizó la proyección de dos obras de la videoartista madrileña Nuria Cubas tituladas Ana en la Piscina y Dibujo de Perro. Fue una delicia descubrir la plástica dentro de la imagen cinematográfica. Según nos dice la propia Nuria: Ana en la piscina investiga en la posibilidad del retrato en vídeo. Durante 18 minutos se explotan los lenguajes narrativo y poético a través del sonido y la imagen respectivamente, mientras emerge la fisicidad del cuerpo retratado en un espacio cuya atmósfera está llamada a desarrollar un estado de ánimo que se funda con la figura que lo transita. En cambio Dibujo de Perro: Dibujo de perro es una pieza de Super8 en color de 6′ de duración. La grabé en la playa de Guincho durante el verano de 2010. La imagen ha sido ralentizada digitalmente para revelar lo que se registra de manera oculta: los movimientos invisibles del perro. Tanto una como la otra son dos obras tan pictóricas que nos sorprenden. En la primera nos muestra algo tan cotidiano como una tormenta de Agosto, en la primera parte, o como n os recreamos en un baño en la piscina, en la segunda parte. Pero es en vida de Perro, donde sale la esencia de la luz, como hemos admirado en las pinturas del maestro Sorolla. El super 8, que no deja de ser fotografía en movimiento, crea una estética de dibujo clásico y unas texturas propias del arte plástico. Como bien dice el título es un auténtico Dibujo de todos los movimientos que ejecuta un perro.

El videoarte está cogiendo el peso específico que se merece. Cada vez son más los artistas que utilizan este medio y las exposiciones que nos presentan trabajos de este tipo. Las nuevas tecnologías han democratizado este arte. Las cámaras de video, después digitales, han hecho que cualquiera pueda producir una obra con coste casi nulo. Porque el cine básicamente es contar lo que pasa en movimiento. Es crónica de lo cotidiano. Ya lo dijo Godard: «La fotografía es la verdad. El cine es la verdad 24 veces por segundo».

 

Share This