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Por Sandro Maciá.

Me levanto. Me ducho. Me visto. Desayuno y a la calle. Si no fuera por lo que viene después, diría que todas mis mañanas son iguales. Ni bonitas, ni feas, sólo iguales. Sin embargo, por suerte o por desgracia, cada día acaba siendo distinto –ni mejor ni peor, sea dicho- desde el momento en el que, con el estómago bien lleno y recién aseado, me decido a salir a la calle.

Y empieza la aventura: sube al coche, arráncalo con cuidado de no partirte un dedo –sí, ése que sacas del guante en invierno para poder coger el volante-, toma aire y… ¡a disfrutar de atascos! Coches, coches y más coches. Prisas, prisas y más prisas. Así somos y así seremos, todos deseando apurar el tiempo para que esos minutos de más que hemos remoloneado en la cama no nos hagan llegar tarde al trabajo.

No obstante yo, cansado ya de golpes, rozones y sustos, opto –cada vez en mayor medida- por disfrutar de los atascos. Sí, tal cual, pues estos son un lugar que, cuando menos lo esperas, te ofrece la oportunidad de descubrir nuevas bandas. En mi caso, la última de ellas ha sido Pegasvs, un dúo formado por el asturiano Sergio Pérez y la argentina Luciana Della Villa que emergió sutilmente en 2011 y pasito a pasito, cosechando éxitos con las demos que colgaron en su Soundcloud y con un videoclip: El Final de la Noche.

A partir de aquí, su consagración como una apuesta segura en cuanto a novedades musicales en 2012, les dotó de ese halo de interés y atracción que acabó materializándose en su disco de debut (Pegasvs, 2012), un trabajo que crece de las raíces del krautrock alemán de los años 70 y timbres pop, una fórmula que –con apoyo de sintetizadores analógicos y aparatos de cinta, sin olvidar texturas profundas y propias en cada canción- ha dado lugar a Astro (2012), su tercer disco.

Con nombre ambiguo y aparentemente intergaláctico, los chicos de Pegasvs vuelven a la carga con temas como Coco, Colombo o Manglares, por citar algunas de sus composiciones, de sus cantos electro-poéticos, de sus odas a temas divertidos que llegan al oído con un ánimo y unos aires de fiesta que poco tardan en incitar al baile, al desfogue, al” buenrollismo” extremo.

Alados o no, lo que no tiene perdón es dudar que este dúo cruzará el cielo entre bucles, coros y ritmos erótico-festivos para perseguir un triunfo que, si siguen así, no se les presentará muy lejano.

 

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