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Por Sandro Maciá

No sé si se debe a que me he criado a finales de los años ochenta, a que las pelis de ciencia-ficción siempre me han enganchado o a que mi conocimiento de la mecánica avanzada es más bien reducido, pero el caso es que hay determinados términos que, aún aplicados a la realidad más cotidiana, me siguen pareciendo extremadamente cinéfilos.

Ayer, por ejemplo, estaba entusiasmado –fijaos qué tontería- por el simple hecho de ver que eso de la “velocidad hipersónica”, que siempre hemos oído en boca de actores del género fantástico, es algo tan real como palpable, tan cierto como que estos días se está probando un nuevo avión no tripulado –el X 51 A- que podría llevarnos de Nueva York a Londres en menos de una hora –hipersónica o no, lo que está claro es que esta hazaña es brutal-.

Pero claro, pasada la sorpresa inicial, mi mente empezó a removerse y a darse cuenta de que, verdaderamente, todas estas palabras que parecen sacadas de algún guión de Kubrick se me antojan tan abstractas porque en realidad no transmiten, no empatizan, sólo describen. Por eso, hoy me quito el sombrero ante un grupo de nuestro indie más cercano –vienen de Murcia- que me ha dado en el corazón con un nombre sencillo, breve y certero: Perro.

Bajo este canino sustantivo se esconde una formación que, con un soft-pop de estilo noventero y aires punk, se ha proclamado ganadora absoluta del Tercer Concurso de Maquetas Lemon Pop con su Alhabama (2011), un Ep grabado en los estudios El Mirador en Alhama de Murcia que les ha permitido demostrar al mundo que su sonido ya es sólido y propio, algo que han conseguido a fuerza de interesantes proyectos y experimentos –véanse sus anteriores maquetas: Martillo (2010), de corte puramente indie, y Perro se va de crucero (2011), esta última en formato acústico- y que les ha llevado a ganarse el privilegio de poder actuar en la jornada de clausura de la 17ª edición del festival el próximo mes de septiembre.

Con la misma originalidad que el propio nombre del grupo, los cuatro cortes de Alhabama sorprenden por su capacidad de conceptualizar sólo con leer los títulos: Popera, Naciones Unidas, La maldición de los cuartos y Terrorista. Todos ellos, del primero al cuarto, no se quedan atrás en cuanto a las declaraciones de intenciones que recogen sus letras.

Popera engancha desde sus acordes iniciales, y mas aún cuando se escuchan versos como “ahora que soy mujer, voy a perder cuarenta quilos”; Naciones Unidas, por su parte, atrapa con su energía, con su ritmo y con una letra que tiene más miga de la que aparenta –escuchad con atención, merece la pena-; La Maldición de Los Cuartos une con mucho gusto algunos giros punk –es genial ver cómo se alza la voz al principio del estribillo, a modo casi de himno- con un final guitarrero de esos a los que nos tienen acostumbrados nuestros amigos del Columpio Asesino, por poner un ejemplo; y, por último, Terrorista nos rompe todos los esquemas con una estructura singular, con un derroche de matices que, sin perder el rumbo marcado por las otras canciones del disco, nos proporciona el “chute” final de energía que nos dejará con una sonrisa en la cara para el resto del día.

Dicen que “perro ladrador, poco mordedor”, ¿no? Bueno, pues estos chicos van a morder bien fuerte, ya veréis.

 

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