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Por Eduardo Boix

“Todos la mataron y ella sola se murió” esta frase que proviene de los dichos populares, podría muy bien definir el estado en el que se encuentra el mundo editorial español. Gracias a un email colectivo de Sergio Gaspar, alma mater de DVD ediciones, nos pudimos enterar que echaba el cierre después de 15 años.

Como pasa siempre con las malas noticias un silencio se apodera del mundo. Una editorial que cierra es una boca que calla, o un pájaro que deja de cantar. Es triste ver como por culpa de la especulación, el capitalismo y este mundo de tiburones el mundo cultural agoniza y enferma por momentos. No sé hasta dónde vamos a llegar, pero estamos aquí y ahora y deberíamos poner medidas para solucionar esto. También es cierto que ante tanta oscuridad, en ocasiones, rayos de luz en forma de editoriales emergentes, nos iluminan el camino. De un tiempo a esta parte han aflorado varias de ellas y más que van saliendo. La literatura española está más viva que nunca, hay más escritores y con una calidad increíble.

Recuerdo que siempre que he hablado con Sergio Gaspar, nos hemos quejado los dos de lo mismo, de lo mal que estaba el mundo editorial, de la pasta que se llevan las distribuidoras, pero siempre albergábamos la esperanza de que todo sería pasajero. Pero no, después de mucho batallar, han echado el cierre. Tras de sí dejan un catálogo arriesgado y certero, tanto en poesía como en narrativa. Nombres como David González, Elena Medel, Pablo García Casado, Agustín Fernández Mallo, José Luis Piquero, etc. dan buena cuenta de ello. DVD ediciones ha sido la catapulta a escritores con una gran proyección hoy día. ¿Qué sería de Manuel Vilas sin la publicación de España? A las pruebas me remito. La editorial catalana ha sido la puerta por la que han pasado buena cuenta de lo más vanguardista de la literatura española del cambio de milenio.

Es muy triste ser espectador de la muerte del sector editorial. Cada nuevo día nos levantamos presenciando el cierre de alguna revista, de alguna colección, de algún sello. La desolación nos inunda a cada paso que damos. No sé qué va a ser del mundo cultural. Nos pisan, nos vituperan y todo sigue igual. La gente nos ve como caraduras que vivimos del cuento, no se nos respeta y por lo tanto no se nos apoya. Evidentemente queremos vivir de fábulas, para eso escribimos, ¿No?

 

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