UA101349465-1

Por Eduardo Boix

Ahora que ya ha acabado la Semana Santa este año estoy algo apesadumbrado porque me he perdido todas las películas bíblicas que han echado. Este periodo de pasión y resurrección del hombre es una tradición, y como tal, el cine, que es una rama del arte, se ha hecho eco de la misma.

Recuerdo de pequeño la expectación que me causaba Ben Hur, Moises, Rey de reyes, La historia más grande jamás contada, Las sandalias del pescador, Barrabás, me viene a la memoria la fascinación con que veía una y otra vez, año tras año, las mismas películas con similar atención. Si nos damos cuenta en este periodo de fervor religioso se mezcla el Antiguo y Nuevo Testamento sin un orden establecido. La Biblia es una antología de relatos increíbles con una fuerte carga moral. Por nuestra educación judeocristiana, como es normal, todas estas historias han sido fuente de inspiración de numerosos artistas tanto en pintura como en el anteriormente citado séptimo arte. Raro es que un artista no hable de la caída de Adán y Eva, aunque El paraíso perdido de Milton sea un referente indiscutible, comparen toda traición con la de Judas o den vueltas sobre la deidad o no de Jesús, como en la polémica La última tentación de Cristo. El libro sagrado sigue siendo la piedra angular del arte contemporáneo, ya que cada vez que un artista quiere pecar de irreverente saca de contexto y forma cualquier imagen bíblica.

Me viene a la memoria cuando fui a ver al cine La pasión de Cristo dirigida por el ya controvertido director Mel Gibson. Recuerdo la polémica que suscitó y con qué contundencia la comunidad judía se pronunció acusándole de antisemitismo. Para los que no la hayan visto la película muestra las últimas horas de la pasión, muerte y resurrección de Jesús combinándolo con imágenes de un Cristo humano que bromea con su madre. Lo más interesante de la cinta es que está rodada en arameo, lengua de la época, cosa que le concede más verosimilitud. También es interesante toda la parte de las torturas, que según las sagradas escrituras, le fueron infringidas a Cristo. Las caras de locura de los romanos que le flagelan no tienen precio, según algunos expertos guardan mucha similitud con lo que fue en realidad. Jamás había visto un cine tan lleno de gente llorando, supo trasmitir lo que quería.

Tras pasar la Semana Santa ahora nos tocará esperar otro año para poder ver estas películas de nuevo. Porque no es igual grabarlas que verlas en su época, acompañadas de una buena fuente de torrijas

 

Share This