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Por Eduardo Boix.

Hay momentos cinematográficos inolvidables. Hay cientos de planos, secuencias y fotogramas grabados en el imaginario colectivo. Si me pongo a pensar y a analizar algunos de esos momentos o la inmensa mayoría forman parte de una película de Stanley Kubrik, inquietante ¿verdad? Ayer mientras hacia un barrido televisivo, ante la aburrida programación estival , me di de bruces con La naranja mecánica. Recuerdo que la primera vez que la vi fue en el instituto, yo en aquella época era una hormona con piernas y me fascinó aquella forma de contar la violencia y esa estética tan Kitsch. Ayer volvi a quedarme pegado a la pantalla, Alex y sus drugos lo volvieron a hacer.

Stanley Kubrick (Nueva York, Estados Unidos, 26 de julio de 1928 – Harpenden, Hertfordshire, Reino Unido, 7 de marzo de 1999) fue un fotógrafo, director de cine, guionista y productor estadounidense. Considerado por muchos uno de los más influyentes cineastas del siglo XX. Destacó tanto por su precisión técnica como por la gran estilización de sus cintas y su marcado simbolismo.1 Realizó trece películas, entre las cuales se encuentran varios clásicos del cine, como Lolita, Dr. Strangelove, 2001: Odisea del espacio, La naranja mecánica, El resplandor, La chaqueta metálica y Espartaco.

Muchos lo definieron como Huraño, celoso de sus obras y de la intimidad de las mismas. Otros lo consideran un genio, el director más grande de todos los tiempos. No era un creador al uso de un cine puramente comercial, sus películas tenían una profundidad fuera de lo común. Reflexiones sobre el hombre y su lucha constante con su entorno, ya sea físico, social, psicológico o metafísico. Su observación del ser humano siempre guardaba una distancia prudente, que en vez de frialdad (como lo tachaban algunos críticos), podría más bien leerse un verdadero interés y abierta curiosidad por entender el proceder del personaje como pieza dentro de un engranaje más complejo que lo puramente cultural. El busca aquellos códigos dentro de cada ser humano que lo empujan a accionar de una manera en particular, tanto en la intimidad como en la odiseas titánicas que modifican el curso la historia, creando en el proceso imágenes tan sobresalientes y atemporales que se han convertido en parte de la cultura popular. Su obsesión con los detalles y la calidad del producto. Pocos directores hicieron de esto un tema mayor: entender el filme como acto de aprendizaje extremo del entorno del personaje, en base a una sólida investigación que llevó, junto a su perfeccionismo, a dilatar sus rodajes y aumentar el aura mítica que proyectaba en la prensa.

Kubrik fue un ser irrepetible, sus trece películas son el mayor legado que nos pudo quedar de un ser obsesionado por la perfección y amante del ser humano y sus obsesiones.

 

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