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Por Rubén J. Olivares Puertas

Lo primero que sorprende de este libro es su originalidad. Recuerdo pocos libros en los que el principio sea tan abrupto. Subte nos introduce en su narrativa como si nos agarran por la pechera y nos tiraran hacia el interior del libro. Desde el inicio del libro hasta el final del mismo, la sensación que Pinedo transmite es la de haber realizado un viaje frenético e intenso en el que lo que menos importa es el destino. Lo importante es no parar, no pensar, no sentir, sólo correr, sólo seguir adelante para evitar los peligros que página a página tenemos que sortear con la protagonista de la historia.

Pinedo nos desgrana capítulo a capítulo el origen de esta frenética huida a ninguna parte que emprende la protagonista Proc de los peligros que le acechan, al tiempo que, entre geniales pinceladas narrativas, nos permite intuir cual es el origen de esta huída y el contexto del mundo postapocalíptico en el que se mueve. Página a página descubrimos quien es Proc, de que huye y como la huida en sí de los peligros que la atenazan, acaba convirtiéndose en la clave para su supervivencia del funesto destino que les aguarda a las mujeres preñadas de su tribu.

Proc huye de la jauría de lobos que la acechan y que ansían su carne en un mundo poblado de ruinas y restos de una civilización no tan lejana a la nuestra, refugiándose entre túneles de metro y vías de tren, para descubrir a otros seres humanos que han huido del caos de la superficie y se han adaptado a la vida de los túneles y la oscuridad que reina en ellos. Y es en este momento cuando la novela comienza a tomar forma. Pinedo, cual Virgilio en la Divina Comedia, nos toma de la mano y nos lleva a través del extraño mundo de oscuridad y de los seres que lo habitan, para abandonarnos a continuación a nuestra suerte. Se limita a dejarnos en territorio desconocido y nos obliga a ser capaces de entender que es lo que está pasando alrededor de la protagonista. Pero esto, lejos de ser una traba para la novela, es uno de sus principales aciertos, pues al no justificar ni explicar nada de lo que está sucediendo obliga al lector a involucrarse en la resolución del origen del misterioso mundo, al tiempo que le anima a seguir leyendo para tratar de descubrir nuevas pistas que le permitan completar el puzle de Subte. El siguiente acierto es el lenguaje que Pinedo emplea para narrarnos la historia. Sus personajes hablan con frases cortas, como ráfagas y con una sintaxis básica. Si a esto añadimos las descripciones espacio-temporales del libro, recorriendo un mundo de túneles y laberintos en el que nos movemos horizontal y verticalmente entre la oscuridad hasta perder cualquier referencia del espacio y el tiempo tendremos el mundo de Proc: cualquier lugar de la Tierra en un tiempo no muy lejano en el que la humanidad ha involucionado hasta un estado semi-animal.

Pinedo omite las referencias a los clásicos de la distopía como Huxley, Orwell y Bradbury (aunque son inevitables sus ecos) y nos enfrenta a una realidad distópica no tan lejana a la planteada por Saramago en su Ensayo sobre la ceguera, en la que nos muestra un mundo alterado por una catástrofe que ha trastocado las reglas de la sociedad actual, convirtiendo a los seres humanos en seres brutales más que en humanos, un mundo en el que la involución nos lleva a celebrar aquello que nos une a otros seres vivos: el sentimiento de maternidad de la protagonista y la celebración de la vida a través de la descendencia.

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