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Por Eduardo Boix

Mis mejores recuerdos de infancia son puramente televisivos. La bola de cristal, el planeta imaginario, las chicas de oro, con las manos en la masa, La hora de Bill Crosby , el un dos tres, el tiempo es oro, si lo sé no vengo, luz de luna, el precio justo. Me viene la imagen de casa de mi abuela paterna un lunes por la noche, en la que mis padres habían decidido que cenásemos allí y viéramos con mi ella aquel programa conducido por Joaquin Prat. Todavía la escucho repetir la coletilla, a juuuuuugarrr.

Pertenezco a la generación de las primeras televisiones en color, del mundial de futbol y de la caída del muro de Berlín. Recuerdo a mi padre diciendo: hijo recuerda este día porque es histórico. Sin comerlo ni beberlo he sido observador de pleno derecho, de cientos de jornadas históricas, y todo se lo debemos a ese aparatito doméstico llamado televisión. Bien es cierto que todo ha cambiado que hay más basura televisiva, pero es evidente que mucha de esa basura es el reflejo de una sociedad que mira entre visillos. Toda la telebasura es el calco de lo que hablan mis vecinas a grito pelado. Mucha población, tristemente, vive la vida de los demás y todo ese vacío se ha trasladado a la pantalla. Pero a veces algunos grandes grupos de comunicación tienen ideas brillantes y crean canales temáticos de cine o documentales, y así nos hacen la vida un poco digerible.

Si querido lector, tal vez soy un pesado que siempre está pensando en el pasado, pero es que como nos demuestra el famoso dicho: cualquier tiempo pasado fue mejor. La televisión española ha recibido una involución horrible. Yo recuerdo que hablar de Mercedes Milá en los 80 era hablar de televisión de calidad. Hoy día con el Gran hermano, para mí, esta mujer ha descendido del escalafón en un mismo tropiezo. Me encantaría algún dia poder hablar con los directores de programación de alguna cadena y que me explique los entresijos, el porqué eligen uno u otro programa, en función a que nos embuten con tantas cutreces.

A día de hoy cada vez menos visiono televisión. Página 2, La mitad invisible, son dos de los programas que junto al telediario me roban algo de tiempo. Pero he de romper una lanza a favor de los programadores de televisión. Gracias a ellos y a su trabajo, leo más.

 

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