The Ring

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por Eduardo Boix

De niño siempre quise tener un reproductor grabador de video. Me costó un tiempo tenerlo. Soñaba que una cajas de madera que tenía mi madre, de esas donde se guardan los puros, eran mis cintas y mi video, mentalmente grababa todo lo que ponían en la tele. Unos años mas tarde, con un dinero que me dio mi abuelo, compramos un video Toshiba negro, que acrecentó mi pasión por el cine.

Le dimos mucho uso a aquel video VHS, yo grababa dibujos y mis padres todas las películas que les podían interesar. Conseguimos una gran videoteca a fuerza de teleprograma y programación. Yo, a veces, grababa cosas sueltas, anuncios, dibujos animados, trozos de películas, trozos de partidos de fútbol, telediarios. Una vez hice una película que desapareció, nadie supo que fue de ella.

Hace unas semanas haciendo una profunda limpieza del armario la encontré. Tras limpiarle el polvo y volver a enchufar el video, la puse y me quedé horrorizado ante tan enigmáticas imágenes. La Pantoja, Rafaela Carrá, La quinta del buitre, Paloma San Basilio, Pelos cardados de los 80, trozos de dibujos como D´Artacán y los tres mosqueperros, Willy Foog, Espinete y Don Pimpón, El Coyote y el Correcaminos… No puedo resistirlo más y paro la cinta. Me da la sensación que estoy viendo la cinta maldita de la película japonesa Ringu, pero a la española.

Desde que vi la cinta han empezado a pasar cosas raras en casa, desaparecen papeles, oigo ruidos extraños, siento frío, oigo susurros. La vuelvo a poner. Me siento en el sofá y la vuelvo a poner. No me atrevo a darle al play todavía. Me levanto, doy un par de vueltas por el salón. Me vuelvo a sentar, le doy al play. Vuelven las imágenes, La Pantoja, Rafaela Carrá, La quinta del buitre, los cardados de los 80… No puedo más, lo apago. Oigo ruidos de agua, como si el desagüe del aseo estuviese echando agua sin parar. No sé qué hacer. Pienso en que tal vez he desatado la furia de la chica del pelo largo de Ringu, esa que estaba dentro del pozo. Camino lentamente hacia el aseo, me paro ante la puerta, me tiembla la mano, abro. Un grito desgarrador se escucha por todo el edificio. Mi madre con la cabeza y el pelo hacia abajo se peina, mientras se seca con el secador. Cierro la puerta, saco la cinta del video, la tiro a la basura y una risa histérica se apodera de mí.

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