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Por Sandro Maciá.

Amigos, amigas, conocidos, familiares y demás agregados: ha llegado el día. Hoy, después de creer que íbamos a celebrar las navidades en manga corta y chapoteando a orillas del Mediterráneo, puedo decir que, por fin, ha empezado a entrar el frío por nuestras costas.

Es cierto –¿para qué negar lo evidente?- que no se respira por aquí, gracias a Dios (o a quien se las tengamos que dar), un helor polar de estos que ya llevan meses sufriendo por las altas tierras del norte, es verdad. Pero, ¿acaso no empezáis a necesitar una chaqueta –venga, va, valientes, algunos diréis que “con una rebeca me basta”- cuando salís de casa a primera hora? O, también, ¿no os sentís más cómodos con el pie bien calentito, en fundado en un zapato que ya nada tiene que ver con las chanclas veraniegas? Seguro, no lo dudo. Incluso me atrevería a decir que no sólo no soy el único que empieza a depender de alguna capa más de ropa, sino que, igualmente, tampoco dudo que, como en mi caso, la bofetada que nos da el frío cada mañana al salir a la calle, por raro que suene, tiene para muchos un efecto beneficioso: es un “chute” de energía obliga al despeja y que incita, se quiera o no, a enchufar la radio del coche y pegarnos a su música como posesos.

Quizás por eso, de esta manera tan básica de acción-reacción, he tenido la suerte de descubrir yendo al trabajo, en ese despertar matutino a golpe de frescor, a grupos como The Wheel And The Hammond, una banda cordobesa que, parafraseando su propia descripción “navegan entre el pop-rock británico”, manteniendo “el regusto por los clásicos” y  añadiendo a esto algunos “apuntes de modernidad”.

De aires elegantes y carácter distinguido, las canciones que componen el homónimo disco de los de Córdba (un Ep, el primero en su carrera, autoproducido en su Andalucía natal) irradian claridad, ensoñación y –por pretencioso que suene- harmonía.

Sí, h-a-r-m-o-n-í-a, así, letra a letra, pues la combinación de la alegría que desprende su Beautiful Soul con la melancolía que transmite War, por concretar un poco, ejemplifica a la perfección la coherencia de la línea estilística y artística que Félix, Enrique, Javier, Alfonso y Juan Carlos han mantenido en este trabajo. Una coherencia que, además de en estos dos temas, puede degustarse en la enérgica Hope and Fear (que va “in crescendo”, del principio a fin) o en la espectacularmente rítmica Zombie lover.

En fin, poco se puede añadir a lo dicho ya, más que, si aun habiendo escuchado sus canciones, creéis estar ante otra formación de guitarras bien orquestadas y  simples voces afinadas, es que no habéis captado la esencia de una banda que, sin hacer concesiones a la comercialidad, gusta (y mucho).

 

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