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Por Sandro Maciá.

De comerme el mundo a hundirme en mis penas. De sonreír cuando amanece a taparme con el edredón para no querer salir de la cama. De lo alto a lo bajo. De la risa al llanto… A veces puedo ser bipolar en muchos aspectos de mi vida, lo asumo. Pero ¿hasta en la música? Sí, hasta en la música. Sólo con ver mi colección de discos -exacto, leéis bien, soy de los que aún compra y no descarga, aunque eso es otro tema digno de debate- cualquiera se echaría las manos a la cabeza o, evitando lo políticamente correcto, se reiría a carcajadas. Incluso creo que lo mío con los estilos musicales, desde hace un tiempo y como he mencionado varias veces, está siendo tan variable como lo son mis sentimientos ante las ñoñas campañas publicitarias de Navidad que inundan la programación televisiva de noviembre a enero.

Ya no sé si es locura o vejez, pero puestos a escoger prefiero camuflar la verdad y pensar que, en realidad, lo que me pasa es que estoy aprendiendo a disfrutar de cada canción sin prejuicios, sin ideas preconcebidas; o sea, intentando valorar cada trabajo en su contexto individual y, lo más importante, en el lugar que le corresponde.

Y así, con esa mentalidad casi nihilista, es como he decidido armarme de valor para volver a adentrarme en el universo sonoro de Marlango, esa banda de “mi querida España” -como cantaba Cecilia en los setenta-, liderada por la actriz (y cantante, obviamente) Leonor Watling, una mujer de mirada infinita cuya voz causa en mí tanta admiración que sólo la duda de cómo podría sonar en castellano me ha hecho retrasar más de dos semanas el momento de escuchar Un Día Extraordinario (Universal Music, 2012), su último disco.

¿Mi conclusión tras decidirme a darle al play? Simple y llana: he perdido dos semanas de mi vida sin disfrutar de las últimas canciones que el trío madrileño, pese haber cambiado del inglés a la lengua de Cervantes, ha compuesto sin perder un ápice de su estilo y sin que su soft-pop aderezado con tintes de jazz y blues deje de sonar tan “imperfectamente perfecto” como sus cuatro trabajos anteriores.

La dulce y descarada Dame la razón, la intensa Ir o la simpática Si yo fuera otra son sólo tres de las diez piezas que, bajo la producción de Suso Saiz (Luz Casal, Iván Ferreiro…), completan el repertorio de un disco que ha sido grabado en directo -¿se puede pedir más?- y en el que la voz de Leonor no brilla, deslumbra con un manejo del tono y unos giros que dotan de importancia a cualquier melodía, por sencilla que parezca.

Eso sí, puestos a criticar -que no todo es perfecto-, sólo temo que, de seguir así, lo de mantener su estilo acabe haciendo de Marlango un grupo más que, a no ser por las letras, no aporte nada nuevo. Yo, de momento, confío en que esto no pase.

 

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