UA101349465-1

Por Eduardo Boix.

Los ruidos en el cine o en el teatro me sacan de mis casillas. Me pone de los nervios que algún sonido molesto rompa la magia del espectáculo. Hace unos meses fui testigo de algo así en un cine de barrio de cómo una pareja de maleducados no paraban de abrir y cerrar unas bolsas de papel de una conocida multinacional dedicada a la industria textil. Me indigné pero no se cortaban, ellos seguían abriendo y cerrando bolsas sin parar.

El otro día saltó a los medios de comunicación la siguiente noticia: “Un móvil suena en medio de un concierto de la Filarmónica de Nueva York”. Evidentemente no es un titular nada novedoso, cuando estamos hartos de sufrir esto todos los días. Lo que si convierte este asunto en algo nuevo es que el director de la orquesta Alan Gilbert, que en esos momentos conducía a sus músicos por el último movimiento de la Novena Sinfonía del checo Gustav Mahler, no ocultó su lógica indignación. Gilbert empezó a gesticular mientras al aparato continuaba sonando, hasta que se cansó y ordenó detener el concierto, algo que hasta ahora no había sucedido nunca en los más de 14.000 veces que ha tocado a lo largo de sus 170 años de historia la Filarmónica de Nueva York. Pidió en voz alta al espectador que apagara su móvil.

Aunque el público se sumó al enfado de la orquesta y abucheó a quien había cometido tamaño sacrilegio, el teléfono no dejó de sonar. Desde la primera fila se seguía escuchando el popular tono de llamada “marimba” del iPhone de Apple. Gilbert finalmente bajó del escenario y se dirigió al dueño del teléfono, que sacó el aparato de su bolsillo y lo apagó. “¿Está apagado? ¿Va a volver a sonar?”, preguntó el director al hombre, quien se limitó a asentir con la cabeza, y el concierto se reanudó pocos minutos después entre los aplausos del público del emblemático Avery Fisher Hall del Lincoln Center.

Me parece excesivamente indignante que situaciones así se den cada día. Las nuevas tecnologías se han convertido en una herramienta más de los que van al cine a comer palomitas o a solo pasar el rato. No pretendo ser un moralizante extremo, ni censurar que cada cual tenga o haga lo que quiera. Lo que si pido desde mi humilde posición es que tanto el teatro, el cine y la música, la gente vaya a apreciar una obra de arte que ha costado mucho dinero, tiempo y esfuerzo en realizarla. Porque ¿te gustaría que mientras ejerces tu trabajo te estén metiendo el dedo en el ojo?

 

Share This