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Por Eduardo Boix.

Visité por primera vez la Alhambra el 2 de Enero de 2004 cuando, debido a unas minivacaciones decidimos el grupo de amigos, pasar la nochevieja en una casa rural en un pueblecito de Granada.  Recuerdo que al entrar tuve la sensación de volver a mi casa, fue algo extraño e indescriptible, pero fue bonito y creo que me sirvió para quitarme viejos fantasmas que me rondaban y que me habían llevado a un estado depresivo.

La Alhambra es un símbolo y posiblemente sea el patrimonio más visitado del territorio nacional.  Es precioso comprobar como la gente se maravilla con un monumento de tal envergadura, pero también algunos quieren intervenir o ser parte de ellos.  Hace unos días saltó la noticia en los medios.  Una turista suiza había sido detenida pasando una noche en los calabozos después de intentar rayar en la pared del Cuarto Dorado, en la Alhambra, un corazón precedido de una inicial. Tras prestar declaración ante el juez, quedó en libertad con cargos por daños contra el patrimonio.  Pero no era el único caso.  En agosto fue un militar jordano el que fue sorprendido en el Palacio de Carlos V grabando su nombre y la fecha de la visita. Fue multado posteriormente con 120 euros y una indemnización de 200 tras la celebración de un juicio de faltas.

Dicen que el patrimonio cultural es cosa de todos.  Evidentemente no es sólo cosa de los granadinos o de los españoles, la conservación de estas obras dependen de todos.  ¿Os imagináis que alguien le pinta bigotes a Las Meninas? ¿Qué nos harían si vamos a la ciudad de Petra (Jordania) y ponemos nuestro nombre sobre una columna?  ¿O si en Suiza marcamos algún edificio con una llave? Si no respetamos el patrimonio nos lo cargaremos poco a poco entre todos.  Porque un corazón en una columna no hace nada, pero si todos hacemos esa misma acción en unos meses convertiremos cualquier edificio en una montaña de polvo.  Y es que así el ser humano, destructor por naturaleza.  Necesitamos mostrar que somos importantes, pasar a la posteridad de alguna forma.  Nuestro ombligo es lo único que nos conmueve.  Así nos va.

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