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Por Sandro Maciá.

Un día de estos, cuando menos pensado lo tenga, cogeré mi maleta y me marcharé a un lugar donde no me conozca nadie. Ya lo veo: llegaré a un destino donde ni la gente ni las costumbres sean las mismas, un sitio que de verdad me haga desconectar de todo y que no termine por parecerse a tantos otros parajes en los que ya he estado.

Me da igual que tenga playa o que esté rodeado de montañas. No me importa si la gente de alrededor habla mi idioma o si tienen la piel de un color u otro. No, nada de esto es relevante si consigo alcanzar ese estado que, desde hace un tiempo, añoro bastante: relax. R-E-L-A-X, ¿a que suena bien?

Sonar, suena perfecto. Pero, sinceramente, he de reconocer que, igual que me encantaría perderme hasta tales extremos, no creo que durara estas circunstancias más de un par de semanas… Que yo soy muy valiente, sí, pero de “boca para afuera”.

Por eso, pensando en todos aquellos que, como yo, sueñen con emular a Ulises en su viaje de retorno a Ítaca -aun sabiendo que nunca darán el gran paso-, propongo una vía de escape mucho más buena, bonita y barata que la de zarpar por mares y océanos; una alternativa -en forma de Ep- que responde al nombre de Viajes de Verano (Autoeditado, 2012) y que presume de estar firmado por Celéstica, una banda creada en 2010 por Juan Sebastian Alarcón y Sol Pindado tras la desaparición Murmur, grupo con el que publicaron Seasize (2005) y My glass isn´t half-full, it isn´t half-empty, it’s broken (2008).

De estilo electro-pop, aunque suave, las tres canciones que componen este trabajo gozan de una luminosidad que envuelve, que nos lleva a la desconexión que buscamos, que nos sumerge en un mundo de matices sonoros y que se complementa con letras tan sugerentes como la del tema que da nombre al Ep, Viajes de Verano, formada por versos como “buscaré un paisaje azul para ti / el mar te sienta también / dan ganas de enamorarse”.

Pero, además de los “paisajes azules”, los chicos de Celéstica –el dúo, hablando bien- nos ofrecen cortes más eclécticos, composiciones que –como ocurre con Donde ganen los buenos- presentan un inicio guitarrero y vitalista que, poco a poco, se va fundiendo con riffs que se desvanecen en una reverberación casi épica, en un universo que parece diluirse en nuestra mente para, más tarde, devolvernos al mundo real con la tercera canción del disco, Inerte, una pista instrumental dulce, amable, sencilla y digna de llegar a ser la banda sonora de cualquiera de los momentos especiales que hayáis vivido –o que vayáis a vivir- este verano.

Con Viajes de Verano, el goce sensorial está asegurado. Ahora bien, que luego abramos los ojos y descubramos que no nos hemos movido del sitio y que todo sigue igual, ya es algo que cada uno deberá asimilar como pueda. Suerte.

 

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