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Juan Luis Panero o la caida del Zar

Por Eduardo Boix

A todos los poetas de mi generación nos ha gustado ir un poco de malditos. ¿Quién de nosotros no ha intentado emular a Rimbaud, Verlaine o Panero? Nacho Vegas ya lo dice en una de sus canciones mas redondas, El hombre que casi conoció a Michi Panero, porque realmente los Panero no se les llega a conocer del todo. Jaime Chavarri en el desencanto nos mostró a una familia sicóticamente genial, con aires de decadente aristocracia y un punto oscuro que ha llamado la atención a tantos poetas y novelistas. Los Panero han sido los referentes claves de los poetas posteriores a los años 80.

Juan Luis Panero fallecido el pasado 16 de septiembre de 2013, ha sido un poeta de la lucidez. Su irrupción en la poesía española contemporánea se inició en 1968 con la publicación del libro A través del tiempo, al que siguieron, luego, Los trucos de la muerte, en 1975; Desapariciones y fracasos, en 1978; y Juegos para aplazar la muerte, en 1984. Antes que llegue la noche (1985) le permitió obtener el Premio Ciudad de Barcelona. En 1988, con «Galerías y fantasmas», obtuvo el Premio Internacional de Poesía de la Fundación Loewe. Sin rumbo cierto, XII Premio Comillas de Biografía, Autobiografía y Memorias, y Enigmas y despedidas, publicado en 1999, son sus últimas producciones. En 2009 Ediciones Vitruvio publicó La memoria y la muerte, una antología que recogió toda su obra poética editada hasta entonces. Juan Luis y Leopoldo al contrario que Michi si que produjeron literatura, alta literatura. Juan Luis podría decirse que es sucesor de los poetas franceses. Sus imágenes nos trasportan a un tiempo que se fue, que ya no existe y en el que avanzamos a través de sus ruinas, un tiempo destruido por la intolerancia de los hombres y por su propia ambición.

Juan Luis intento encontrarse a si mismo y al tiempo que le vió crecer, comparándose siempre con la Rusia Zarista prerevolución de 1917. Consiguió poemas de cierto calado y con un mensaje puramente fatalista: Aún queda vodka en la botella, ya no hace falta la copa ni la bandeja, con sus inútiles iniciales y escudos./Están subiendo la escalera. Están buscándome, pero aún tardarán unos minutos, los suficientes para acabar la botella. Estos versos parece que puedan describir su propia muerte.

 

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