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Lo nuevo de Niño y Pistola: del concepto a la historia

Por Sandro Maciá.

Lo preocupante de lanzar hipótesis es que no siempre se pueden probar. Pueden formularse, describirse y desarrollarse argumentalmente, pero hasta que no se llevan a la práctica, no puede demostrarse su verdad ni ratificarse su existencia.

Quizás por esto –o por mi afán de darle mil vueltas a todo lo que pasa por mi mente- cada vez tengo más claro lo valiente (y arriesgado) que resulta expresar una opinión o un veredicto inicial a partir de una pequeña muestra o de una parte del total, un total que en el caso me ocupa a mí cada semana, tiene siempre el valor añadido de ser el fruto de un trabajo –y un talento- que merece, ya de entrada, todo el respeto del mundo.

Por ese motivo, desde este respeto al que siempre aludo cuando tecleo cualquier idea o comentario –por mínimo que sea- sobre un disco, single, vídeo o demás variedades del ámbito artístico-musical, he de reconocer que no tuve precaución alguna en asegurar, cuando se presentó la primera de las canciones del nuevo disco de Niño y Pistola, There’s a man with a gun over there (Ernie Records, 2013), que este trabajo “no sorprenderá sólo en lo audible, sino en lo comprensible”.

¡Y a Dios gracias que no me contuve!, pues ahora que ya es posible disfrutar del Lp íntegro, puedo reiterar todo lo que dije (y más). Puedo, por fin, recrearme con conocimiento de causa en lo que insinué al escuchar By the grace of God –así se titula el avance en cuestión- y, sin miedo, afirmar que lo sugerido en este track toma aún más forma, si cabe, en el resto de canciones del cd.

A golpe de giros de influencia rockera americana y sin perder sus toques de folk británico (a lo Fairport Convention) basado en la combinación electroacústica de guitarras con sólidos teclados y arreglos de banjo y pedal steel, Niño y Pistola narran en este álbum –dividido en dos bloques y un epílogo de sonoridades diferenciadas- la historia de Tom, un trabajador rural de la América perdida y profunda de los años 50 que, harto de su jefe, decide comprar una pistola y matarlo, iniciando así, tras su paso por la cárcel, un viaje a la infancia a través del retorno a su antiguo rancho y del reencuentro –personal y metafórico- con los objetos que allí dejó.

Salpicado de títulos tan originales como la propia madeja de acontecimientos que se va conformando verso a verso y acorde a acorde (algunos ejemplos pueden ser: I used to drive a truck, donde se narra la existencia del propio prota a golpe de trabajo, o Fifty dollars in my hand, que cuenta el que, creo, podría ser el momento que marca un hito en la vida de Tom y desencadena parte de la trama), este trabajo puede ser calificado –y no siempre es habitual- de conceptual, valiente y, sobre todo, intemporal.

Si con esto no basta para lanzaros a la caza y captura de lo nuevo de Niño y Pistola, sólo se me ocurren dos cosas: que falte por apuntar que cuenta con las colaboraciones de Charlie Baustista (The Sunday Drivers, Jero Romero, Christina Rosenvinge…) y Álvaro Lamas (Los Limones) o que, directamente, no hayáis leído nada de lo anterior. Poco más.

 

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