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Homónimo Ep de Un día de furia

Por Sandro Maciá.

Allá por mediados de la pasada década de los 2000, más concretamente en el ecuador de ésta, en el año 2005, veía la luz un disco que acabé rayando de tanto escuchar en el viejo cd de mi –ahora muerto- primer coche. Compuesto por unos valencianos que ya llevaban cuatro producciones a sus espaldas, el trabajo no fue otro que el laureado Nuevos Tiempos, de la Habitación Roja; una pieza formada por temas como Agujeros negros, Nunca ganaremos el mundial, o el que consiguió hacerse imprescindible en mi vida hasta el punto de recordar, aún hoy, la elegante y cruda forma de demostrar la desaprobación absoluta hacia alguien en su –para mí- himno El eje del mal.

Apreciada desde entonces como única, esta misma mañana, la larga hilera de versos de dicha composición ha venido a mi memoria cuando trataba de buscar una forma de destripar –con cariño y tratando de estar a la altura de lo que hacen- el Ep de un grupo de Valladolid que tiene mucho que ver con tal despliegue de energía y claridad de intenciones: Un día de furia.

Esta banda, formada por Sergio (voz, guitarras), David (guitarras, bajos, programaciones) y Jose (Percusiones) arranca a principios de 2011, año en el que comeinzan a desarrollar un sonido propio que termina plasmándose en el nacimiento de su primera creación: una grabación acústica con diferentes colaboraciones, estructurada en 2 partes y autoproducido en su totalidad.

A partir de ahí, el proyecto va tomando forma a través de la ampliación del repertorio a 13 pistas, lo que les da paso a la estructuración de una gira acústica, donde se presentaron los temas del disco, al desnudo, así como algunos inéditos que se configuraron como el estado previo a lo que hoy conocemos como su primer trabajo eléctrico, que se publicó en Agosto.

También autoproducido y de homónimo título al escogido por la banda para autodenominarse, Un día de furia, pese a que ya no sé si mi cabeza ha dejado de no regirse por la lógica y de ahí me vienen las comparaciones, presenta más de un paralelismo entre los de Valencia y los recién descubiertos “furiosos” vallisoletanos. Sea por su contundencia o por la estructura de algunos temas, el caso es que los siete cortes de su flamante Ep no dejan de recordarme a aquella nítida y fresca visión de la vida que, con los artificios justos, se percibía antes en el pop-rock de corte tradicional.

Ritmos marcados, compases claros y riffs que podrían repetirse hasta el infinito sin perder su encanto son, sin duda, las bazas que enganchan a la escucha repetida e insistente de canciones como Mary, Livin’ in the dark –redondos sus arpegios y los versos de “tú te fuiste con él / en un avión tan grande / como me llegaron a crecer / las marcas que dejaste en mi piel”- o Moscas (¿Quieres rock? ¡Toma rock!).

Con comparación o sin ella, era un pecado no lanzarse, aunque sea desde la orfandad de la autoproducción, a hacer de semejante material un disco. ¡Oh yeah!

 

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