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Fallece Paco de Lucía, se va otro grande

Por Sandro Maciá

Repentina, como lo fueron las vibraciones de cada cuerda que tocó, y triste, como la idea que envolvía su arte en cuanto a que algún día llegaría el día del adiós. Por desgracia, así ha sido la muerte de un grande que, aun destacando como tal en el mundo del flamenco, terminó siéndolo a niveles mucho superiores, a grados que superan toda categoría y nomenclatura, a una magnitud que sólo aquel que se llamó Paco de Lucía podía optar.

Dejando atrás una trayectoria marcada por un talento que, aun con su inesperada despedida, nos permite disfrutar de una obra que permanecerá inmortal, Francisco Sánchez Gómez , artísticamente conocido como Paco de Lucía (1947 – 2014), falleció en la mañana de ayer, a causa de un infarto que sufrió mientras se encontraba con su familia, en la ciudad mejicana de Playa del Carmen.

Como lógicamente conlleva una situación de este tipo, los ríos de tinta han comenzado a fluir desde entonces en los papeles de la prensa escrita, del mismo modo que lo han hecho los píxeles de los boletines digitales o las teclas de los smartphones, nuevos medios a través de los que se han empezado a propagar la triste noticia de la pérdida de un compositor que supo hacer de su dominio de la interpretación a la guitarra española casi un palo propio.

Y es que, a tenor de lo que, si echamos la vista atrás, logró por el flamenco como arte, el guitarrista gaditano fue el artífice de la popularización e internacionalización de este estilo musical, un mérito que consiguió gracias a su virtuosismo con el instrumento de las seis cuerdas y al personal toque que supo dar a su rítmico y característico modo de entender todos y cada uno de los palos del mismo, diversidad que hoy se traduce en lo que retrospectivamente nos deja como legado, es decir, temas como la rumba Entre dos aguas, la alegría La Barrosa, la soleá del Niño Ricardo, etc.

Junto a esto, no es menos importante reconocer la labor de Paco de Lucía en la apertura hacia nuevos derroteros, la ampliación de horizontes en cuanto a estructuras y melodías -o lo que es lo mismo, la colocación de la primera piedra para los posteriores congéneres que se atrevieron a experimentar, a jugar con el eclecticismo y a fusionar lo más purista con lo más contemporáneo- y la incorporación del un nuevo recurso sonoro, un novedoso instrumento afroperuano de percusión que es ya un clásico en cualquier tablao: el cajón.

¿Visionario? ¿Excesivamente alternativo a su tiempo? Hay tantas opiniones como personas podrían estar ahora escribiendo esto. No obstante, habiendo entregado su vida al flamenco –ya desde niño, pues su madre fue Lucía Gomes La Portuguesa y su padre, Antonio Sánchez, le dio sus primeras clases de guitarra- y pudiendo presumir de haber sido compadre de Camarón de la Isla (1950-1992) –amistad de la que nacieron más de diez discos, ahora obras cumbre de la música de nuestro país-, resultan más que merecidos los galardones recibidos a lo largo de su existencia, que tristemente acaba hoy.

Por citar algunos, nunca olvidaremos que De Lucía obtuvo el Premio Nacional de Guitarra de Arte Flamenco, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1992), la Distinción Honorífica de los Premios de la Música (2002) y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (2004).

 

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