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La historia del AK-47 a lo largo del tiempo y los pueblos

Por Rubén J. Olivares

Nuestro mundo está lleno de iconos que han logrado trascender a sus creadores, convirtiéndose en símbolos reconocibles por casi todos los habitantes del planeta. Ya sean refrescos, marcas deportivas, multinacionales del fast-food e incluso armas, como la AK-47. Curiosamente, éste último icono, contrariamente a los anteriores, nació dentro de la cuna de un sistema opuesto al capitalismo. Hablo de la U.R.S.S. y de la invención por parte de un joven ingeniero del arma que se convertiría en todo un símbolo e icono reconocible por diferentes generaciones y pueblos durante décadas: el AK-47 o “kaláshnikov” que toma su nombre de su inventor, Mijaíl Kaláshnikov (1919-2013).

Desarrollada como un arma pensada para dar respuesta a las necesidades bélicas de los soldados del Ejército Rojo frente a la ofensiva del fascismo, pese a llegar tarde para cumplir con su objetivo inicial (su diseño acabó de materializarse en 1947), pronto acabó transcendiendo su objetivo primario para convertirse en un arma que marcaría la mayoría de conflictos bélicos que hasta la actualidad siguen desarrollándose. Esta arma se ha convertido en un poderoso símbolo que transciende su capacidad como arma de fuego, convirtiéndose en símbolo que encarna las aspiraciones de libertad de los pueblos oprimidos (Vietnam o Palestina), herramienta de poder entre los amos de las violentas calles de Estados Unidos de América, en las manos de Bin Laden en símbolo del terrorismo más atroz e inhumano y un elemento catalizador ineludible en multitud de conflictos armados en África y otras regiones del globo plagadas de guerras intermitentes; la inconfundible silueta del AK-47 con su cargador curvo, acude a la mente de millones de personas cuando se menciona su nombre o se alude a un subfusil de asalto, triste mérito que ninguna otra arma ha logrado.

La inusual historia del AK-47 de Hodges fascina tanto por el recorrido que esta arma ha tenido en el mundo, convirtiéndose de instrumento bélico a símbolo de la lucha por la liberación armada de numerosos pueblos e incluso a símbolo estatal -al ser adaptada por países como Mozambique, Zimbabue o Timor Oriental- como por la narrativa de su autor. Hodges se muestra como un maestro de aquello que mejor sabe hacer: narrar historias y convertir anécdotas en auténticos relatos que enganchan por la emotividad y empatía que se despliegan en sus páginas y que nos hace sentirnos más cercanos hacia los involuntarios protagonistas que desfilan por el libro elaborando un excelente reportaje de investigación a camino entre el periodismo de investigación y la novela histórica, en la que se nos presenta la evolución que un desarrollo tecnológico diseñado para matar ha tenido hasta convertirse en el eje de una narrativa que interconecta a millones de personas a lo largo del mundo.

A lo largo de sus páginas descubriremos la historia de este fusil y de su creador, los motivos que impulsaron a este ingeniero a desarrollar su famoso fusil, cómo éste acabó convirtiéndose un la principal arma para la lucha contra EE.UU. en la guerra de Vietnam de manos del Vietcong y contra la represión de la U.R.S.S. por parte de los afganos o en la lucha contra Israel por parte de los palestinos, a ser un símbolo del terrorismo islámico, glorificado más por lo que representa para éstos que por su efectividad en combate contra armas más potentes en los conflictos de Afganistán o Irak y un elemento desencadenante de innumerables conflictos en África, debido a la sobreabundancia del arma en estos países y la fragilidad del equilibrio de poder, pasando por el papel que ha jugado en la violencia urbana de los EE.UU. de manos de los pandilleros de las zonas urbanas marginales, para acabar convirtiéndose en manos de Hollywood en un símbolo, a través de películas como Rambo II. Un excelente ensayo que nos muestra los horrores que la guerra y esta arma han sembrado y siembran a lo largo del mundo.

 

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