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Ana Pérez Cañamares dice verdad y lo hace con voz propia

Por Deborah Antón

Ana Pérez Cañamares es una poeta consagrada y respetada. Si aclaramos que no somos muy dados a colocar etiquetas fáciles, ¿qué podemos decir de su poesía, que habla por sí misma? Si lo que se necesita para considerar a una escritora como consagrada es su verdad y su voz, diremos que, entre “ególatras de museo y obelisco”, Ana Pérez Cañamares dice verdad, y lo hace con voz propia; una voz clara y potente, distinguida a su manera. Su poesía nos habla de cosas que realmente nos importan, sobre personas y situaciones “de carne y sangre”, sobre todo lo que nos incumbe: amor, trabajo, justicia, enfermedad, comunicación, familia, amistad, autoestima, tiempo. Nos lo relata de una manera que resulta palpable, inmediata; con imágenes cotidianas y aun así poderosas e imaginativas, “porque los poemas que los árboles dictan / están escritos en un idioma exótico / que no entendemos los que vamos / a recluirnos en nuestras casas”.

La autora comienza este Alfabeto de cicatrices con una disculpa: “Perdonadme que ahora juegue: / el dolor fue una institutriz severa”. El dolor enaltece –sólo si se sublima– y marca un recorrido de heridas, de experiencias, de enseñanzas. Alfabeto de cicatrices trata de relativizar las palabras con las palabras. Ellas son nuestro legado, nuestra democracia. “Si es de dignidad de lo que hablamos: // la justicia de las palabras / –la belleza de la exactitud– / aún nos pertenece”. En este recorrido suyo, vital, no perdemos de vista lo importante, no dejamos que el día a día acabe con nosotros: “llegas a casa, abres una cerveza y otra / bebes y bebes hasta que vuelve a ti / la sobriedad”. No nos dejamos deslumbrar por lo accesorio, por esos nuevos mitos del asfalto, a pesar de que “hay días en que parece / que cualquier objeto / recién comprado / va a tener el poder / de cambiarlo todo”. Y, a pesar de ello, nos llegamos a desesperar alguna vez, porque todos libramos una batalla personal y privada, y todos hemos conocido esas “tardes en que el teléfono no suena / y parece que todos los amigos han muerto / o están lejos o demasiado ocupados / en sobrevivir”. Todo el mundo siente alguna vez que la independencia que tanto nos cuesta construir “se requebraja cuando la tristeza da un golpe de estado”.

Este es el mundo en el que tenemos que vivir, y en el que todos mantenemos una lucha. Hay multitud de vivencias y de opciones. Todos estamos solos. Por eso a veces necesitamos personas que nos ofrezcan una guía, un poco de su luz. Si tenemos en cuenta todo lo anterior, Ana Pérez Cañamares es una profeta, y Alfabeto de cicatrices es su credo.

 

 

 

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