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Ynsyde, emotivo debut

 Por Sandro Maciá.

Creo que no es la primera vez –y esto quizá sea preocupante- que me viene a la mente la teoría del “Poliamor” en estos últimos meses. En realidad, es posible que me ronde la cabeza más de lo normal pero, ¿cómo no pensar en este neologismo que tan bien resume, de manera natural, la descriminalización de la “no-monogamia consentida” por aquellos que se ven involucrados? ¿Acaso no es algo que muchos querrían?

Lo es. Sin embargo, pasando de lo que viene siendo la relación carnal pura y dura,  he llegado a la conclusión de que mi obsesión por la nueva palabreja es más una admiración hacia quien la cultiva, una envidia sana hacia los que deciden, llevándome esto al terreno que nos importa, no estancarse en el casamiento con un solo proyecto, sino simultanear su pasión por la música con varios frentes a la vez.

Este es el caso de Dani Kussa, claro ejemplo de ese “poliamor” compartido entre dos bandas, nuestra ya conocida My Yellowstone, y su nuevo proyecto: Ynsyde.

Formada por José Manuel L. Romanco (Piano, Teclados, Coros), Eustaquio Álvarez (Guitarra Eléctrica y Coros), Emmanuel Suárez (Batería) y Jorge (Bajo y Coros) –además del propio Kussa-, Ynsyde supone un giro hacia un tercio que se aleja de aquellas sentimentales reminiscencias al estilo americano de los 60 y 70 para ampliar horizontes, tanto temáticos como rítmicos.

Fruto del proyecto, vio la luz hace escasas semanas Emotions, un primer trabajo en el que desde  Syndrome Of You hasta Father –ambos cortes de brutal potencia, tanto en su título como en la energía “in crescendo” que transmiten, uno a nivel musical y, otro, emocional- iremos descubriendo, a lo largo de las doce pistas que lo componen, que la versatilidad de Kussa y los suyos, aun sin salirse de un patrón pop-rock, está a la altura de un britt pop que, pudiendo ser tachado de mainstream por algún purista, gustará a cualquier amante de bandas como Coldplay o U2, e incluso The Cure.

Buenas guitarras no faltan –ojo a la bella True-. Melodías para el recuerdo, tampoco -¡bendita nostalgia la que despierta, por ejemplo, Constellations!-. Añadamos a eso, por si fuera poco, una llamativa ilustración de Carlos Bravo como imagen del disco y… ¡hecho!: tendremos ante nuestras narices un buen trabajo que, sin tener que dar excesivos rodeos, se presenta directo y con ganas de gustar.

Y, así, gustarán. Seguro.

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