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Grietas  muestra el estilo de vida de la generación del 15-M

Por Rubén J. Olivares

Para todo hay un inicio, y la literatura no es ajena a este cliché. Grietas es la segunda novela del malagueño Santi Fernández, quien logra en su segunda obra generar una historia narrativa que aglutina en sus páginas los deseos, el desencanto y el estilo de vida de la denominada generación del 15-M (amal-gama intergeneracional que aglutina a diferentes jóvenes de edades dispares, unidos por las mismas condiciones de precariedad social y laboral), un ejército de desencantados con el sistema sociopolítico y económico actual que viven a caballo entre su militancia política a través de movimientos sociales de protesta y un sistema de vida frágil sustentado en trabajos precarios y la ausencia de oportunidades que les impide formular la idea de un futuro más allá del día a día, todo ello como telón de fondo del principal eje temático de la novela, la historia vital de su protagonista y sus relaciones con su coprotagonista, la joven Lucía enferma de anorexia que trata de superar su enfermedad.

El protagonista de Grietas sobrevive gracias al apoyo de las ayudas familiares que recibe de manera puntual, saltando entre trabajos temporales y sometido a una enorme presión por conseguir los objetivos marcados, para ganar un infrasueldo renunciando a cualquier lujo o capricho que justifique sus extenuantes jornadas laborales, mientras trata de dar forma a sus novelas y poder vivir de ellas. Las vías de escape que le quedan se orientan a la relación que mantiene con su hija Alicia, fruto de su examante Raquel, que abandona a ambos como acto reivindicativo contra el patriarcado, la evocación de sus relaciones amorosas con otra de sus examantes, Helga, las relaciones esporádicas centradas en el sexo con Sonia, madre que comparte con él su situación de soltería y la extraña relación amorosa de amor-repudio que establecen el protagonista y Lucía, en la que el deseo amoroso y sexual se transmuta en una especie de relación de amo-sumisa a través de encuentros sexuales fortuitos, breves citas amorosas y una comunicación centrada en la inmediatez y la frialdad del chat.

Ambos protagonistas presentan una inesperada fuerza literaria que ayudan a apuntalar la novela, convirtiéndola en un relato verosímil y cercano. Tanto el protagonista masculino como su coprotagonista femenina, Lucía luchan a lo largo de sus trayectorias vitales por lograr alcanzar las metas que se han fijado, superando los obstáculos que se les presentan, pese a que los mayores fantasmas a los que deben hacer frente son aquellos que nacen de su propio interior y que las personas de su entorno tratan de exorcizar, a menudo condescendientemente, llegando a tratarles como a niños, como exclama Lucía respecto a las terapias que la obligan a seguir para superar la anorexia “como si fueras gilipollas en lugar de enferma”.

No obstante, la novela peca de algunos fallos elementales en su narrativa que quizás haya que atribuir a las prisas por terminar y publicar la novela y a la falta de una relectura crítica de la misma que revele algunos detalles que afean el relato. Se echa de menos una mayor destreza a la hora de elaborar la narrativa de la obra, dado que en algunos puntos resulta fácil perderse a la hora de intentar conectar el contexto de lucha social que se nos presenta con el carácter de los personajes. Así mismo resulta excesivo el empleo de ciertas expresiones que dotan a la novela de una solemnidad innecesaria en una historia como ésta. El empleo de un lenguaje más sencillo, lineal y cercano, como se logra en otros puntos de la novela, lejos de ser un síntoma de superficialidad, habría logrado dotar a ciertos pasajes de la historia de una lectura más fluida y creíble ante lo que se nos presenta.

Pese a estas deficiencias, que sin duda su autor irá depurando a lo largo de su trayectoria literaria, esta novela es un reflejo de un autor que apunta maneras de convertirse en un referente de la literatura española, capaz de ilustrar un problema generacional como el que vivimos a través de personajes singulares pero con visos de convertirse en arquetipos de una generación.

 

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