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La Habitación Roja, indestructibles

Por Sandro Maciá

Uno, con la edad, empieza a ser listo. No a niveles exagerados –los años aportan experiencia, pero no hacen milagros-, pero sí a pequeña escala. Por eso he de reconocer que, si hoy puedo afirmar que mi historia del viernes fue la de un éxito anunciado y que conozco pocas maneras mejores de acabar la semana laboral, es porque jugaba con ventaja. O lo que es lo mismo, porque un servidor ya sabía que la cita a la que acudía era una apuesta segura y casi se veía escribiendo estas palabras, a modo de deja vu, antes incluso de que ocurriera.

Y es que –aclarémoslo antes de que cada cual empiece a desvariar y fantasear con que mi exitosa entrada al fin de semana pudiera deberse a otra cosa-, uno sabe que, eufemismos o falsa modestia a un lado, hay cosas que nunca decepcionan, como vino siendo lo que nos ocupó a los asistentes a la sala La Lonja de Elche hace unos días: el concierto de La Habitación Roja.

Precedidos por Cachorro, una formación que pronto empezará a despuntar como merece con el homónio y folk-rockero Ep que están presentando estos días, la banda capitaneada vocalmente por Jorge Martí demostró a su paso por la ciudad de las palmeras que, en su caso, aquello que cantó Calamaro de “veinte años no es nada”, es cierto. No por novatos, y mucho menos por falta de evolución, sino por la envidiable forma y energía que estos valencianos siguen demostrando, dos décadas después de su comienzo, arriba de las tablas de cualquier escenario.

Aunque en esta ocasión, el plato principal del menú presentado por Martí y los suyos fue el gustoso conjunto de temas procedentes de su nuevo disco “La moneda en el aire” (Mushroom Pillow, 2014), los de L’Eliana supieron combinar la lógica emoción por ofrecer al público sus nuevas creaciones con un precioso combo de himnos que incluyeron, entre otros, Ayer o Voy a hacerte recordar, siendo éstos parte de pequeños momentos retrospectivos, de instantes para el recuerdo que,  aun poco alejados en el tiempo, son siempre dignos de agradecimiento para los que buscamos un disfrute completo de un directo que, desde días antes al evento, ya se asumía como ansiosamente deseado, llegando incluso a colgar el “sold out”.

De imparable trayectoria, como avala el hecho de que, como ellos mismos dijeran, vayan a grabar en breve un recopilatorio de “grandes éxitos”, la banda que comenzó agitando la escena musical valenciana y que ahora campa por lo alto, largo y ancho del país, volvió a dejar claro que el qué, el cómo y el dónde no son impedimentos para dar un buen espectáculo, pudiendo llegar ser igual de convincentes –entiéndase con cariño, en la mejor de las acepciones- en un festival al aire libre que en un recinto, no precisamente gigante, y cerrado, como el ilicitano.

Puro lujo musical. Vaya que sí, y más aún cuando, como punto final, el obligado (y esperado) bis concluyó satisfaciendo a los que aun guardaban la esperanza de escuchar hits como Febrero, El eje del mal o El Mundial que nunca ganaremos.

Apuesta segura, nuevamente.

 

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