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Digno ganador del Premio de poesía Arcipreste de Hita 2013

Por Deborah Antón

En La luna en la punta de la lengua, de Adolfo González (Premio de poesía Arcipreste de Hita 2013), se celebra el milagro continuo que es el ser, y estaría feo faltar.

Decía Juan Ramón Jiménez aquello de “¡Intelijencia, dame / el nombre exacto de las cosas!”. Algunos de nosotros pensamos en darle a eso el nombre de la luna. La luna: el recordatorio de un misterio milenario, de lo que no podemos resolver, de aquello que es más grande que nosotros. El ser humano puede maravillarse con su contemplación. El poeta puede, con toda seguridad, afirmar “no haber pisado una tierra más firme que este cielo”.

Desde hace siglos

la luna y este instante:

dos contemporáneos.

En La luna en la punta de la lengua se hace patente la sencillez del disfrute por el disfrute, la verdad más pura y más exacta. Respirar. Observar los pequeños agentes del universo, las “innumerables formas de lo nunca visto”. Saborear la luna. La vida es lo sencillo, el resto son complicaciones nuestras. Adolfo González nos propone dejarnos llevar por el sentimiento de hermandad, por la naturaleza, por la cadencia discontinua de todo lo creado.

Dejo en este poema

el amor que me sobra:

no voy a permitir

que se convierta en odio.

La luna en la punta de la lengua es una obra sugerente, pulida, fragante, reflexiva, sorprendente. Es poesía de la que se debería recetar, muy recomendable para hacer más soportable estos días de vuelta a la rutina.

 

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