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mar-gDescubriendo a Maronda

Por Sandro Maciá.

Y luego dicen que en la noche no se cuece nada bueno… ¡mentira! En mi caso, pese a saber que a partir de según qué hora y dependiendo del lugar, las experiencias nocturnas al estilo discotequero pueden ser, como mínimo, surrealisras, he de reconocer que me he llevado más satisfacciones que disgustos sobre –o cerca- de la pista de baile.

Concretamente, la última de éstas alegrías me vino dada por un compañero en esto de rompernos los oídos a ritmo de pop y de dejarnos los dedos a golpe de tecleo en pos de contar qué sucede en el panorama musical, un compañero cuya identidad no revelaré aquí por miedo a que una horda de fans vaya ahora en su busca y captura pero al que siempre estaré agradecido por haber tenido a bien revelarme un descubrimiento que –vergüenza por mi parte- desconocía: la existencia de Maronda.

Tras este nombre se esconde el talento de dos músicos valencianos, Pablo Maronda -¡ajá!- y Marc Greenwood, un talento que puede palparse en las canciones de su segundo disco, La Orfebrería Según Los Místicos (reeditado en Discos de Perfil, 2014) y que recuerda a himnos –a veces conceptuales, a veces descriptivos- de bandas como Los Lagos de Hinault, gracias a estar cargadas de una riqueza textual y de una original poética que, lejos de resultar densas, se combinan perfectamente con melodías y bases marcadas, sencillas y directas.

Con unas buenas guitarras, algo de distorsión y unas estructuras sonoras de corte pop, así es como Maronda nos permite disfrutar del proceso de ir desgranando la ironía, el humor inteligente y la recriminación educada que desprenden las letras de tracks como Me fui antes de verte llegar –“no paras de hablar con la gente/pareces tener muy presente/que no haymarcha atrás”-, He hablado con ella –una buena canción-consuelo- o Vivimos en democracia -¿es posible tener más estilo a la hora de echar en cara algo a alguien? Valga como ejemplo: “¿por qué cojones te largas?/¿a dónde coño te vas? / sé que no tiene importancia / porque esto se va a acabar”- Una escucha os sacará de dudas-, por no desvelar el resto de cortes.

Asimismo, el dúo se sobra y basta en su habilidad para la creación literaria a la hora de sugerir y decir, pues, además, las palabras escogidas en cada tema o título son, en sí mismas, referencias a otros campos del arte. Es lo que ocurre con El Ruido Eterno (nombre de evidente reconocimiento a la obra de Alex Ross, en la que el literato repasa la Historia del siglo XX a través de la música) o con Viaje Al Final De La Noche (homónimo nombre de la primera y más laureada novela de Louis Ferdinand Celine).

¿Algo que añadir? Sin duda: resulta más que recomendable la escucha de Volverás, un hit que casi nos traslada a las bandas sesenteras de nuestro país y que, inicialmente, con independencia del resultado final, narraba la reconciliación de dos hermanos.

Tremendo hallazgo.

 

 

 

 

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