Vivir la ciudad del amor con un amor propio que te renueva
Por Vanessa Díez
Subir a lo más alto de la Torre Eiffel, pasear por las estrechas calles empedradas de Montmartre, llegar a la plaza de los pintores, la Place du Tertre, y poder visitar allí una pequeña galería de arte dedicada a Picasso, bajar las escaleras del Sacre Coer, sentirse pequeña ante la inmensidad de Notre Dame. Entrar en cualquier café. Disfrutar cada calle con sus fachadas centenarias. Aprender el idioma es tan sólo una forma de estar en una ciudad que todo el mundo ansía conocer, por la que muchos suspiran, beberse París de un trago, aunque te ahogues en el intento de tragártela entera.
Disfrutar de la ciudad del amor sin consecuencias. Total, te vas en un año y tan sólo quieres vivir la experiencia. Conocer la ciudad, la ciudad del amor. Sin pretender que sea nada más, lo que pasa en París, se queda en París ¿no? Locuras de juventud, dejar que los acontecimientos te hagan sentir, permitir que las cosas pasen, darte permiso para que todo sea posible. Compartir casa y experiencias con chicas que rompieron esquemas hace tiempo.
El amor es aquello que anhelamos. La idea del amor es distinta de lo que puede llegar a ser, materializar ese sentimiento depende tanto de nosotros, de la persona, de su pasado, del nuestro, de los acontecimientos, del lugar, del tiempo y de lo que estemos dispuestos a apostar a favor de aquello que nace. Pensabas realmente que amar es sencillo, inocente, el amor no tiene por qué ser fácil, quizá a veces amar no es suficiente. A veces se necesita más.
¿Estarías dispuesta a sacrificarte? ¿Darte por entero y renunciar a tu pasado? ¿Dejar todo lo conocido por adentrarte en algo que no sabes cómo va a terminar? Apostar todo y perder es sólo para valientes, poner el corazón sin medir las consecuencias es sólo para valientes, la locura de sentir, aquello que te hace creer que estás viva. Nadie más te ha removido de tal forma que rompe y renueva lo que conocías hasta el momento ¿y si nadie más te provoca un sentimiento de tal envergadura? ¿Lo dejarías todo? ¿O cerrarías el capítulo parisino al terminar tu año en la idílica ciudad? Sin mirar atrás, sin medir el tiempo ni el espacio, sin pensar ni sentir, escuchando lo que debes hacer.
Patricia Engel nos ofrece una novela de sentimientos de juventud, una veinteañera en París. Una historia de amor que se aprovecha para poner de fondo temas de mayor envergadura, como el racismo, Lita es americana de origen colombiano, es en París donde la hacen sentir como persona de segunda categoría por el color de su piel y por el origen de sus ancestros. Existe gente que no la considera de estirpe y linaje por mucha fortuna que haya amasado su padre, un nuevo rico nunca será considerado como noble de cuna en la vieja Europa.
Un año de estudios, que realmente se convierte en un tiempo para crecer y sentir la vida. Lita no conocía la entrega a otra persona, el deber siempre había estado antes que nada, la familia era una estructura de gran peso. Lejos de todo se permitirá vivir. A veces es necesario tomar distancia para enfrentar la vida como nosotros deseamos y no cómo los demás quisieran.
