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Romper las reglas para salir al mundo y vivir

Por Vanessa Díez

Aislada del mundo en medio de un supuesto paraíso de la campiña inglesa, tan sólo jugar con niños de la familia, porque ya no se te permite hacerlo con las niñas del pueblo, después del último incidente las madres no quieren que ninguna inocente niña desconocedora de los secretos de la carne vuelva a escucharte nunca más. Siempre fuiste muy despierta. Sin colegio de niñas ni internado. Llevabas años trazando un plan para escapar y ahorrando en tu “Cuenta para la fuga”. Tan sólo necesitabas un compinche para tus andanzas, un igual, que llegó justo para rescatarte de la torre, aunque no hubiera trenzas, aunque el dragón enviase un destructor de la Armada para recuperarte de los peligros de la guerra, pero tú fuiste libre.

Hasta qué punto en los años treinta le importaba a la clase política tener contenta a la aristocracia que intentaban evitarles cualquier escándalo minimizando los efectos incluso con la dotación de defensa en bloque si era necesario. Las familias conservadoras de rancio abolengo eran muy a tener en cuenta y sus problemas se convertían en temas a resolver en el menor tiempo posible, pues eran carnaza para la prensa por mínimos que fueran. Decca y Esmond sin quererlo fueron protagonistas de una romántica fuga en primera plana de la prensa británica haciendo correr ríos de tinta, como de rumores en los círculos habituales.

Siguieron huyendo, poniendo tierra de por medio, hasta los Estados Unidos. Algo tan trivial como la factura de la luz fue el detonante, nunca nadie instruyó a esta niña de sangre azul en los entresijos de llevar una casa, parece que con su fuga no había dado tiempo a darle brillo en los esquemas tradicionales con el objetivo de buscarle un marido adecuado, ella se había adelantado a todos. Esmond, aunque era su primo, no les gustaba en absoluto, era el rebelde sin causa de la familia, el que había luchado contra lo establecido, contra el conservadurismo que su clase representaba, contra el fascismo, contra todo y contra todos sin ocultarse. Aspiraban a alguien con título, conservador, de provecho que mantuviese a su hija de la misma forma que ellos habían hecho hasta ese momento, sin que nada en esencia cambiase, tan sólo la localización de las paredes que la albergaran una vez casada, otra cárcel de oro para ella.

En cambio ambos jóvenes prefirieron un futuro de incertidumbre pero juntos. Alternando trabajos distintos de temporada, descubriendo que eran capaces de hacer mucho más de lo que ellos mismo esperaban de sí mismos. La lástima es que hayamos descubierto a las hermanas Mitford después de sus muertes, pues ya reseñé “Trifulca a la vista” sátira en la que Nancy recreaba a dos de sus hermanas que fueron las que abrazaron las ideas fascistas e incluso retrató a su marido, novela que durante su vida no fue reeditada por la autora por miedo a remover el avispero familiar, ya que Gorgo se pegó un tiro al entrar en guerra Inglaterra contra Alemania. Jessica Mitford también tenía miedo de la guerra interna tras la publicación de “Nobles y rebeldes”, pues esta no era una novela en la que reflejara a parientes cercanos, sino unas memorias sinceras en las que no ocultaba a nadie. Sus padres y varias de sus hermanas aparecían entre sus páginas. Tomar las riendas de su vida significó alejarse de su familia durante gran parte de su vida, se reconcilió con su madre al final de la vida de ésta, y construir su futuro en un país desconocido en el que siguió luchando por los derechos humanos sin detenerse ante nada ni ante nadie. Aquí su homenaje a su gran amor, su héroe.

 

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