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Odio el rosa da el salto fuera del papel.

Por Eduardo Boix

Ahora que estoy más cerca de los 40 que de los 20, repaso los veranos adolescentes que tantas satisfacciones me dieron. Recuerdo aquella hamaca atada entre dos pinos, y aquellos libros de ciencia ficción que tanto han servido para iniciar en la lectura a tantos futuros hombres y mujeres del mundo. Si tuviese que destacar tres de los que me impresionaron, dejo aparte toda la colección de Julio Verne que posee mi abuela, son ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, 1984 de George Orwell y Un mundo feliz de Aldous Huxley. Estas tres obras me abrieron la mente tanto en mi pensamiento interno como en el pensamiento político que fui formando con el paso de los años.

Hace poco gracias a Vane la directora de la revista, cayó en mis manos cayó Odio el rosa, historia de Dani, la parte masculina de la nueva saga juvenil que paralelamente se cruza con Historia de Sara la parte femenina, y y se amplían a través de los contenidos transmedia. Año 2055, el mundo globalizado se encuentra dominado por grandes multinacionales y las señas de identidad de una persona se venden en el mercado a través de las más sofisticadas técnicas de publicidad. La educación ya no está dirigida a la integración de las personas en el mundo laboral, sino a la formación de consumidores ideales. Desde pequeños, los niños y niñas son bombardeados con publicidad adaptada a sus gustos, psicología y debilidades. Dani y Sara, dos jóvenes que representan a dos de las principales marcas del mercado, intentarán recuperar su libertad y encontrar su propio camino, aunque para ello se verán obligados a romper las reglas y desafiar a casi todos los que les rodean.

Estos dos libros se pueden leer de forma independiente el uno del otro. No obstante, los lectores que lean las dos novelas, independientemente del orden, obtendrán una visión más completa del universo de Odio el Rosa, y es previsible que, si han disfrutado leyendo uno de los libros, disfruten aún más leyendo el segundo.Del mismo modo, los lectores que se adentren en la aventura transmedia, descubrirán aspectos ocultos de algunos de los personajes que aparecen en las novelas, lo que permitirá enriquecer su  experiencia lectora incorporando elementos innovadores como la lectura en internet y la comunicación en redes sociales.

Odio el rosa me ha trasladado a esos veranos de hamaca. Por desgracia aquel 1984 donde el Gran hermano lo vigila todo, está demasiado presente en la sociedad actual. Odio el rosa de Ana Alonso y Javier Pelegrín, es una puerta más para que los chicos y chicas de hoy día descubran la literatura y empiecen a crear su propio criterio, porque en los tiempos que corren tener criterio propio es casi ilegal.

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