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Una historia futurista de acción y renuncia en la que nada es lo que parece

Por Vanessa Díez.

He sido una buena estudiante. Una buena hija. Una buena hermana, lo he intentado al menos. Preparar unas pruebas de acceso y tener el futuro de la familia en mis manos. Su futuro a algo mejor. Sin marcas blancas, sin un par de zapatos al año, sin trabajos para mis padres como obreros que dejan su sudor por casi nada, sin un casi no llegar a fin de mes. Por ellos, por mi madre, que es la que sueña con mi entrada en esta marca de prestigio, la que hizo los sacrificios, la que lo vio claro, aunque nunca me preguntó, porque odio el rosa y la marca tiene ese color por todas partes, como en muchos de sus vestidos exclusivos hechos a medida.

Da miedo pensar en entrar en una tienda y que un holograma de una dependienta nos salude por nuestro nombre y sepa que gustos tenemos cómo le pasó a Tom Cruise en Minority Report; pero aún da más que sea la marca quien nos elija por nuestros requisitos y que ya no sea nuestro dinero el que decida si adquirimos libremente un objeto de consumo o no. Se desarrolla en esta trama futurista el tipo de sociedad que ya vimos en Un mundo feliz de Huxley, la masa que es dopada en su frágil realidad y los elegidos que los dominan ¿Vestidos que delatan nuestro estado de ánimo? ¿Qué tener un blog ya no sea una actividad libre si no perseguida? Que vivamos bajo el ojo de Gran Hermano que todo lo ve, observados y analizados para ser dignos de representar a una marca que ya nadie puede cuestionar, tan poderosa que si no le somos útil no dude en eliminarnos, la imagen de marca es dogma de fe.

Como lectora he avanzado ágilmente por Odio el rosa (Historia de Sara), se mantiene la intriga y la historia convence. El único problema que le veo es el tipo de papel, que queda muy atractivo visualmente, pero su peso a la hora de leerlo es considerable, aunque gráficamente el acabado es bueno. A modo de diario grabado en su cabeza mediante un chip recoge sus impresiones sobre la vida que le han obligado a vivir, como adolescente Sara está empezando a tomar sus propias decisiones y a tomar sus propios riesgos. La vida en la marca parece un paraíso desde fuera, donde la gente ni siquiera sueña con los lujos que unos pocos disfrutan gracias a la marca, privilegiados educados para dominar a la masa, pero no hay que tener escrúpulos para sostener tal nivel de vida. Sara va descubriendo el precio que hay que pagar para vivir así.

Siempre he pensado que los cambios editoriales vendrían de la mano de las colecciones de juvenil, un público mucho más exigente y abierto a la incursión de las nuevas tecnologías en su mundo, ya que han nacido rodeados de varios tipos de pantalla. En una entrevista que hice a Ana García Siñeriz, escritora de la saga de La banda de Zoé, me confesaba que sus lectoras eran muy activas en el blog que se había creado para el libro y que era muy difícil seguirles el ritmo. Por ello, es un acierto que Odio el rosa salga del papel y se materialice en la red para dar mayor sensación de realidad, para que sus lectores puedan seguir el rastro y descubrir más cosas por ellos mismos. Una carta o unas cartas de rol en el libro son la puerta a poder vivir la aventura uno mismo.

 

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