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Sin perder comba, Cuello vuelve con Trae tu cara

 Por Sandro Maciá.

Y aquí llegan. Justo cuando la impaciencia se apoderaba de nosotros y ya empezábamos a sacar fuerzas de ni se sabe dónde para poder superar la dependencia que hemos desarrollado a su dosis anual de energía y frenesí sonoro, los responsables de malacostumbrarnos al goce y al lujo de ofrecernos un discazo por año, vuelven a irrumpir en nuestras vidas, con la misma puntualidad que da comienzo la vuelta al cole en estas fechas -pero con una dosis mayor de ilusión que la que muestran algunos colegiales al reencontrarse con sus pupitres-, como sólo ellos saben: pisando fuerte y haciendo saber al mundo que, ¡oh, amigos!, han vuelto. ¡Vuelve Cuello!

A sólo un año de distancia del disco que nos hizo amarlos (“Modo eterno”, 2014) y a dos de aquel debut que nos permitió descubrirlos (“Mi brazo que te sobre”, 2013), la formación capitaneada por el cantante y guitarrista José Guerrero (Betunizer, Jupiter Lion) y compuesta por una tripulación de nivel -Oscar Mezquita (Derrota, Zanussi), Ubaldo Fambuena (Los Tracahombres) y Nick Perry (Flipping Colors, Obleans)- nos alegra ahora la existencia con “Trae tu cara” (BCore, 2015), una compilación de once nuevos cortes que impregnarán nuestra rutina preotoñal de salvajismo musical y de visceralidad pura.

De inicio a fin, este tercer trabajo de Cuello es, en sí, un chute de adrenalina, una colleja bien dada a todos aquellos que hayan podido llegar a dudar que la frescura y la efervescencia, en un estilo tan directo como el que cultivan estos chicos, pudieran mantenerse casi intactas a lo largo de tres entregas. En definitiva, un sprint sonoro hacia un horizonte que parece inalcanzable, gracias a la amplitud sonora que van adquiriendo todas y cada una de sus canciones, desde la potente “Trae tu cara y decórala bien” –prefecto ejemplo de este “in crescendo” de cada tema- hasta la espontánea “Aquí tengo tu puente” –aires “lo-fi” para un final casi flamenco-, sin olvidar pildorazos de indie-rock (a veces más punk, a veces más post-hardcore) como “Puré mental tricolor”, la original “Turboreproche” –con su gradual paso del rock de batería y riff al acelerón casi punk-, la melódica “Deseo de expansión”, la sosegada “Ser total” o “El joven” –contundentes versos, como “soy lo que puedo ser / o eso me dices tú / una maraña de / sueños de juventud”-.

Producido por Pablo Peiró, “Trae tu cara” suena rotundo y sólido, pero no denso ni pesado. Y es que, aun manteniendo una ausencia total de artificios y aderezos (como vientos o teclados), en este trabajo se ha apostado por el refuerzo de los coros, aspecto que no sólo no resta vitalidad al disco -¡ojo! que nadie se alarme- sino que, además, contribuye a fomentar el carácter melódico de algunos tracks y a reforzar la vertiginosa distorsión de cuerdas sobre la que fluye cada uno de los temas del Lp.

Poderoso despertar de Cuello, hábil vuelta a la palestra con, si cabe, más energía.

 

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