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¿A quién no le gustan las historias de miedo en las oscuras noches de invierno?

Por Ana Olivares

Esta semana debo hablaros sobre un libro de literatura con mayúsculas, un compendio de relatos de miedo de Edith Wharton (1862-1937), autora estadounidense que vivió un cambio de siglo y supo recoger la herencia de los clásicos ingleses de la talla de Edgar Allan Poe, Henry James y Oscar Wilde -entre otros- para adaptarlos a su peculiar y característica forma de narrar historias y envolverlas de una elegante retórica hoy en desuso. Leer a Wharton es hacerse un favor a uno mismo por el riquísimo y amplio vocabulario que encontramos en cada uno de sus párrafos; además de ayudarnos a reflexionar sobre la vida de un modo banal y sincero al mismo tiempo.

Wharton es una de las más notables novelistas estadounidenses de principios del siglo XX. Gracias a su educación aristocrática y a su doctorado en Letras en la Universidad de Yale; además de su amistad con Henry James y a su vida cosmopolita en Paris; publicó su primera novela en 1902 con el título “El valle de la indecisión”, y desde entonces no dejó de publicar casi una novela por año y a colaborar con los periódicos más famosos del momento consagrando su trayectoria literaria.

El prefacio de Lale González-Cotta (traductor de la obra) es impecable. Expone los relatos de modo esclarecedor haciendo un pequeño análisis con el que introducirnos de lleno en la lectura y en las simbologías de las creaciones de Wharton. Éste divide los cuentos en dos bloques según sea su contenido. En un primer bloque tendríamos los que hacen referencia a fantasmas o a historias relacionadas con el más allá: La plenitud de la vida, Un Viaje, Después, El Veredicto, Una botella de Perrier y La Duquesa Orante (este último evidencia las influencias literarias de Henry James). Mientras que en el segundo grupo se engloban los relatos que esconden los enigmas de la psique humana donde encontramos el verdadero esoterismo humano: Los Otros dos, La misión de Jane, El mejor hombre y Un Cobarde (este último maneja la nutrida ironía y humor propio de Oscar Wilde). En conjunto encontramos pinceladas e influencias de estos dos grandes autores, pero también de otros, como el tenebrismo de Poe. Estas influencias que conjugan el ambiente barroco junto con el romanticismo clásico y el estilo personal de Wharton consiguen consagrarla en lo más alto del escalafón en cuanto a la creación literaria de la época.

Por esto y otras cualidades que no puedo analizar aquí por brevedad, los relatos o “cuentos inquietantes” de Edith Wharton son una Oda a la literatura. Y recomiendo a los lectores que se tomen el tiempo necesario para abordar el significado y simbolismo que encierra cada uno de ellos. Aunque eso sí, recordad que este tipo de “suspense medido” es bien distinto al de hoy en día. Y sin embargo, cualquiera de las cuestiones aquí planteadas generará “inquietud”, ya que son vitales y por tanto atemporales. Finalmente me veo obligada a recomendar encarecidamente este tipo de lecturas pues estimulan nuestro intelecto. Sin duda, las obras de Edith Wharton se convertirán en un “imprescindible” en vuestra biblioteca.

Si os gustan los clásicos ingleses del siglo XIX, os animo a descubrir a una de vuestras futuras escritoras favoritas.

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