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Una epopeya de realismo mágico Rumano.

Por Eduardo Boix

Existen epopeyas en la vida que no conocen de fronteras. La Odisea es la prueba de ello. Aun hoy seguimos disfrutando, con un libro tan antiguo como la palabra. Los escritores de todas las razas y lenguas han querido imitar a gran Homero. Nadie sabe realmente quien fue, pero a todos nos fascina, como ese ser puso las bases de lo que más tarde sería el primer libro de aventuras, modelo de lo que vendría después. Homero es el gran maestro, de lo que tal vez sea el gran viaje interior y exterior de la historia de la literatura.

El levante de Mircea Cartarescu, tal vez es otra epopeya distinta. Como todo autor que vive o ha vivido una dictadura, Cartarescu recrea en tono de fantasía una denuncia social. Esta obra especialmente preparada para su traducción al castellano, que originalmente era en vero y se ha cambiado a la prosa.

Mircea Cărtărescu comenzó a escribir El Levante en 1987, cuando era un amargado profesor en una escuela de barrio en Bucarest. Recién casado y con una hija pequeña, escribía en la cocina, en su máquina de escribir Erika, sobre un mantel de hule; con una mano tecleaba y con la otra mecía el cochecito de la niña.

Concluyó la obra pocos meses antes de la caída del comunismo, sin soñar siquiera con la posibilidad de publicarla. El resultado fue uno de los experimentos poéticos más fascinantes escritos jamás: una epopeya heroico-cómica, que es también una aventura a través de la historia de la literatura rumana, que sigue la técnica utilizada por James Joyce en el capítulo del Ulises «Los bueyes del sol». Pero no hace falta conocer la literatura rumana para disfrutar como un niño de las aventuras del poeta Manoil, de Zotalis, de la bella Zenaida, del temible Yogurta, de los piratas y ladrones que pululan por las aguas del Mediterráneo, y de acompañarles en su propia Odisea, plagada de batallas, amores y deserciones.

El levante de Cartarescu podríamos definirlo como una epopeya de realismo mágico Rumano. En  esa tierra cargada de leyendas, el autor sabe darle su parte cómica como en toda su obra. Hacer comedia del propio dolor, de lo que llevamos dentro.  El levante es una obra puramente sacada de las entrañas de un escritor que no ve claro su futuro y que lucha por salir de una neblina que no le satisface ni le hace feliz.

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