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Una casa heredada, un árbol y muchos recuerdos

Por Ana Olivares

Una novela íntima y familiar narrada con un lenguaje cotidiano y sensible que nos arrancará alguna que otra sonrisa por la fina ironía que maneja su protagonista: Iris. A través de ella conoceremos la vida de dos generaciones de mujeres, cada cual más interesante.

Iris debe regresar a Bootshaven, un pueblo situado en las llanuras de Alemania del Norte para asistir al entierro de su abuela Bertha Lunschen. Lleva más de diez años sin pisar aquella gran casa idílica en la que pasaba veranos enteros junto a su prima Rosmarie. Ésta murió hace años debido a causas que iremos conociendo a través de las reflexiones de su protagonista. Quien a su vez recupera la historia de amor juvenil que vivieron Bertha y Anna (abuela y tía-abuela de Iris) individualmente y que guarda relación con “el sabor de las pepitas de manzana” –de ahí su título-. Ambas inician la primera generación familiar determinada por el cultivo de manzanas para la elaboración de mermelada. Las siguen las hijas de Bertha: las hermanas Christa, Inga y Harriet (La mayor “sofisticada e independiente”; la de en medio, “elegante y enigmática”, y la pequeña “hippi-existencialista”). Representando la tercera y última generación encontramos a Iris, Rosmarie (hija de Harriet y prima de Iris) y su amiga de la infancia Mira Ohmstedt. Conoceremos sus sueños de adolescencia, sus vivencias y sus particulares personalidades ahondando aún más una femenina trama familiar que nos conmoverá.

Sin embargo, Iris tendrá que dejar a un lado el pasado para decidir sobre un presente inesperado que cambiará su mundo a raíz de la lectura del testamento de su abuela. A partir de entonces su protagonista nos deleitará con encuentros y reflexiones muy divertidas que tendréis que descubrir por vosotras mismas…dicho esto no cabe duda de que esta novela está especialmente dirigida a mujeres debido a su alto contenido femenino.

El pasado regresa junto a viejas rencillas familiares e historias de amor cómo una formula natural para curar las heridas del alma. Lo más atractivo de esta novela es su narrativa. Katharina Hagena otorga a cada uno de sus personajes características únicas que los hacen interesantes junto a sus “leyendas personales” narradas a modo de fábula.

Cuida los detalles con mino pues estos nos ayudan a agudizar los sentidos del gusto y del olfato además de ofrecernos escenas cotidianas e idílicas muy visuales gracias a su ambientación. Lo que nos permite pasar un buen rato evocando la jovial época de la juventud o bien disfrutar de situaciones reales con las que nos sentiremos plenamente identificadas-en algunos casos-. Con un lenguaje tan ameno y sencillo que os dejará con ganas de más…

Como un suave viento fresquito que entra por la ventana en el verano más cálido para refrescarnos regalándonos unos instantes de satisfacción. Así me sentí yo al leer esta novela.

 

 

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