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El precio de la venganza

 Por Ana Olivares

Os presento un thriller ambientado al norte del Estado de Nueva York en el invierno de 1897.  El relato se inicia con una frase demoledora: -Elspeth Howell era una pecadora-. La protagonista se lo dice a sí misma, dándonos una pista acerca de lo que está por llegar. El “Secreto de la señora Howell” se nos irá desvelando por boca de la propia protagonista conforme avancemos en la historia.

Elspeth es una comadrona que trabaja en Deertand, una ciudad lejana a su hogar, por lo que tras una temporada de ausencia, coge el tren y camina seis horas hasta llegar a una zona inhóspita donde se sitúa su granja, en lo alto de un pequeño cerro en mitad del valle. Trae regalos para sus hijos y su marido, pero mientras se aproxima a su destino se da cuenta de que algo no marcha bien. Al llegar a su casa, comienza a encontrar uno por uno los cadáveres de su familia: Mary (de quince años), Amos (de catorce), Jesse (de diez), y Emma (de seis), y al final el de su marido Jorah. Pero el cuerpo de su hijo Caleb no aparece aunque lo da por muerto… Y justo cuando todo su mundo se tambalea y piensa que nada puede ir peor, escucha un disparo y cae abatida. Sin embargo, su hijo Caleb -de tan sólo doce años- ha sobrevivido a la barbarie; y éste trata de salvarle la vida mientras ella se debate ante la muerte. Pese a la adversidad por lo sucedido y por el extenuante frío y nieve que le imposibilitan desarrollar las tareas diarias con normalidad, Caleb consigue resistir solo y cuidar de su madre, a la espera de que ésta se recupere para partir en busca de los asesinos que le han arrebatado a su familia. Sólo él les ha visto la cara, pero no sabe quiénes son.

Es un relato narrado en primera persona por sus dos principales protagonistas: Elspeth Howell y su hijo Caleb. Desde la perspectiva de una madre que ha perdido a sus hijos y a su marido; quien hace un repaso de distintos momentos de su pasado mientras lucha por recuperarse de sus heridas, tanto físicas como psíquicas; y a su vez, se contrapone a la visión de un niño que debe interrumpir su infancia porque se ve obligado a comportarse como un adulto dadas las circunstancias. La única misión que los unirá a ambos será el peligroso viaje que emprenden en plena helada tras su anhelada venganza.

Ambientado a finales del siglo XIX, época en la que el auge del ferrocarril, el barco de vapor y la prensa escrita, hacen posible las comunicaciones. Sin olvidar, que la historia nos sitúa en una zona montañosa dedicada en su mayor parte a la explotación agraria, a la que todavía no ha llegado tanta “modernización”. Se entrevé la industrialización de las fábricas, pero continúan siendo focos de alta mortalidad. Y no deja de ser cómo en el antiguo Oeste, donde los hombres son la fuente del sustento, levantan casas y construyen todo con sus propias manos. Esto nos da una clara visión sobre la sociedad del momento: cada uno se toma la justicia por su mano, apenas se controla la ley; los burdeles son los puntos de reunión de la mayoría y tan sólo la Iglesia o los almacenes proporcionan las herramientas necesarias para vivir. Todo salpicado por la religión. La Biblia aparece bajo versículos o salmos a los que los propios protagonistas, tanto principales como secundarios, recurren para dar explicación a las cosas que suceden en el mundo.

Esta moralidad cristiana, perseguirá a ésta madre coraje y a su valiente hijo durante todo su periplo; unas veces para pedir perdón por sus pecados, y otras, para justificar los atroces hechos que les ha tocado vivir. Pero ninguno dejará que sea el destino quien juegue sus cartas, sino que lucharan y se mantendrán firmes ante la idea de venganza, enfrentándose a sus miedos y a su desgarradora trayectoria vital. Con un final que nos dejará con la boca abierta a más de uno…

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