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Helena Gosch lo tiene claro

Por Sandro Maciá

Si de grandes errores a largo de la Historia hablásemos, yo pondría en los primeros puestos de la lista al visionario que se atrevió a formular aquello de que para poder progresar y llegar lejos, hay que tocar fondo primero. Y no por lo que deparara el destino si en tan triste afirmación se amparaba –que no muy halagüeño sería-, no, sino más bien porque, aun sin ser un lince, a poco que uno tenga la suerte de contar con el don de la curiosidad y de no perder la oportunidad de querer aprender, podrá darse cuenta de lo ilusoria que resulta esta forma de pensar.

¿Acaso no existe la posibilidad de tener las cosas claras y saber qué pasos dar para ir alcanzando el éxito sin necesidad de partir del fracaso o pasar por él? Sí, existe, y como embajadora de esta desmitificación podríamos nombrar a una joven valenciana que, lejos de serpentear con idas y venidas, ha sabido hacer de su paso firme y buena letra un camino ascendente: Helena Gosch.

Conocida por aquellos que la rodean en su entorno más íntimo como Helena Sanchís-Guarner, esta artista tuvo y tiene claro que lo suyo es la composición y la interpretación, aptitudes que le llevaron a saber adónde quería ir y por qué derroteros debía transitar en su ruta y afán por transmitir al mundo sus emociones, ansias e ideas, cimientos que forjaron sus inicios y que, a su vez, han dado lugar al esperado Little Tiny Blue Men (Ernie Records, 2015) , su álbum de debut.

De dulce textura y compacto contenido, como si de un rico y esponjoso pastel se tratase, este primer disco de Helena Gosch nace de la semilla que fue plantando en las redes sociales, en Youtube concretamente, al ir colgando temas semanalmente, al ir viralizando un talento que ahora se consolida de una manera más duradera en forma de tracklist.

Inaugurado por una sorprendente Perhaps, donde es imposible no evocar a Russian Red en sus primeros segundos, y clausurado con Trafalgar,  Little Tiny Blue Men va hilando las peripecias musicales y textuales de la señorita Gosch con un ritmo que ni decae ni estresa, es decir, que permite prolongar la sensación de paz y melancolía en algunos momentos -como ocurre con Goodbye to you y Hopeless, ambas sucesivas-, o romperla en otros, intercalando temas como To the sky y Serendipia, más guitarreros e, incluso, ligeramente country en ciertos compases.

Complementariamente, ni qué decir tiene que la versatilidad de la voz de Helena es parte decisiva en la expresión que va tomando cada canción, aportando el desgarro en algunos giros –ligero, pero perceptible- en instantes que así lo precisan, al estilo de la mismísima Alanis Morissette, o saboreando los segundos y las sílabas en otras ocasiones, valiéndose de ecos y coros que bien podrían estar entre los que nos acostumbra a ofrecer Lana del Rey.

Semejante debut, además, cuenta con la colaboración de músicos como Jaime Olmedo (Havalina), Charlie Bautista (The Sunday Drivers, Tulsa), Jorge Fuertes (We Are Standard), Cecilio Santiago (Nudozurdo, Bandini) y Ángela Rubio (J.F. Sebastian).

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