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Volver a Japón casi veinte años después

Por Vanessa Díez

Abres el baúl de los recuerdos cada cierto tiempo, lo haces despacio para que nada se escape, para que nada huya de ti como ya tú lo hiciste de los otros, ¿te arrepientes? No puedes cambiarlo pues ya sucedió, pero miras lo que aconteció y eres consciente ahora de lo que fue y de lo que no. ¿Te acuerdas de él? Si no hubiera sido por él no hubieras vivido ciertas experiencias que ahora agradeces, el miedo te hizo reaccionar, pero se toman decisiones por tantos motivos en esta vida, no podrás saber si el camino fue acertado hasta pasado el tiempo.

En japonés existe un término para referirse a la nostalgia feliz, cosa que no sucede en Occidente donde siempre es un recuerdo triste en el que regodearse y al que volver tan sólo trae tristeza y llanto. Amélie Nothomb vuelve a dar vueltas sobre su universo propio. Japón, Rinri y Nishio-san. Vuelve al inicio y da vueltas sobre los recuerdos, se deleita en los retazos de aquella primera infancia y compara lo que ahora existe con los reflejos de su pasado. Un documental para France 5 sobre su infancia en Japón es la oportunidad que aprovecha para volver al país que la marcó, dieciséis años sin el país nipón, pero siempre lo ha llevado consigo.

Sus propias heridas sangran por muchos frentes, su madre de vida, su primer novio, los lugares que le marcaron, el parvulario en el que la vieron tan sólo como una extranjera, la casa en la que vivió, el parque por el que paseó con él, … Cumplido el primer aniversario de la catástrofe de Fukushima regresa a Japón para comparar lo que queda con lo que recuerda, algunos lugares tan sólo ya estarán en su mente y en su alma, la casa de su infancia no sigue en pie, el parvulario en cambio no ha sufrido daño alguno y conservan una foto suya, pero lo que no cayó por la desgracia ha sido el tiempo el encargado de cambiarlo.

Regresar para enfrentar y sanar. Temblar ante las emociones de tal forma que una entra en trance. Reconocerse y aceptar aquello que tenemos. Darnos cuenta de que los demás han seguido adelante sin nosotros, que se alegran de vernos, de recordar, de acogernos, pues se necesita el perdón para avanzar, seguir adelante sin peso, con los abrazos del pasado en el presente, para que no duela aquello que no fue, por aquello que hicimos de forma atropellada y atroz, aquello que ya no puede cambiarse, el daño cometido necesita repararse ahora.

Amélie aprovecha La nostalgia feliz también para hacer metaliteratura propia, nombra sus libros, una comida con el editor japonés y la traductora, algo atropellada por cierto, aquellos sucesos del mundo editorial que en muchas ocasiones quedan en la trastienda nos son mostrados. La autora se desnuda e ironiza sobre su propio mundo y sobrevive para regresar a su vida cotidiana tras haberse enfrentado a su mayor fantasma: el pasado.

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