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El mundo está conectado y formamos parte de su sistema

Por Ana Olivares

Esta semana tengo el placer de presentar La Variable Humana, el debut de Rodrigo Martín Noriega, quien ha recibido el Premio de Novela Corta de la Fundación Monteleón con dicha novela. No es de extrañar que la editorial Gadir no haya dudado en apostar por esta obra haciendo posible que llegue hasta nuestras manos.

La trama gira en torno a tres mentes privilegiadas de las matemáticas que se encuentran en un momento crucial de sus vidas: Alfred Keitel, doctor de gran prestigio internacional gracias a sus revolucionarias teorías, quien a pesar de su fama ha abandonado su trabajo por causas extrañas. Después tenemos a Jon Farrell, el joven matemático que posee un intelecto privilegiado y ambiciona culminar su experimento aplicando los estudios que Keitel abandonó hace años. Esto le lleva a entrevistarse con él, y durante sus conversaciones Farrell le explica a Keitel que está a punto de finalizar un programa matemático capaz de componer grandes piezas de música clásica siguiendo patrones aleatorios y concretos. A su vez Farrel es el alumno aventajado de Samuel Bates, profesor de la universidad y anterior alumno del señor Keitel, aunque no muy destacado ya que no ha conseguido “hacerse un nombre” en el mundo científico porque carece de “genialidad”. Sin embargo, la prodigiosa investigación que está llevando a cabo el joven Farrell agitará estos “tres mundos” distintos, pues en ella  éste afirma que existen principios que pueden determinar inevitablemente la condición humana. Y eso no es otra cosa que admitir –en cierto modo- que el destino existe y es determinante porque no podemos deshacernos de las pautas que condicionan nuestras vidas.

La brevedad de la obra nos impide calificarla como novela propiamente dicha. Se asemeja más a un relato corto de misterio. Aunque puede que su autor desease lograr un conjunto medido sin ahondar demasiado en las cuestiones filosóficas y matemáticas que aquí se plantean. No olvidemos que mantiene ritmo in crecendo durante toda la obra y que conforme se acerca su desenlace se va trasformando en  una novela negra de puro estilo cinematográfico. Pero sin artificios ni florituras, nada que pueda enturbiar la claridad narrativa con la que ésta escrita. Y enseguida me acordé del libro “Los Crímenes de Oxford” de Guillermo Martinez, en el cual se basó Alex de la Iglesia para hacer su famosa película. Aunque claramente los estilos de ambos autores son distintos, esta lectura incluso puede ser más enriquecedora en cuanto a los temas “existenciales” que se tocan en las conversaciones. Por otro lado, las personalidades de cada uno de los personajes son bastante logradas reflejando así el carácter de los tres matemáticos. Además los ambientes son interesantes y atractivos visualmente -son fáciles de imaginar-; y si a ello le sumamos  un final inesperado y coherente, cerramos el círculo con el que se construye un gran relato. Por lo que me siento obligada a admitir que esta obra es altamente recomendable y está dirigida a todos los públicos. Es una lectura estimulante, llena de suspense y tensión salpicada con preguntas acerca de la vida que se conjugan con el amor a las matemáticas, la música y a la ciencia en sus muchas ramas.

La conclusión de esta efímera obra –en referencia a sus 123 páginas- según mi opinión es que: Todos los actos y decisiones que tomamos tienen consecuencias en el mundo. Éstas no sólo repercuten en nosotros mismos sino también en lo que nos rodea, en los demás seres humanos… ¿querrías saber cuándo vas a morir? ¿Saber cuándo se va a acabar el mundo?…si estas preguntas te inquietan o te perturban debes leer esta novela.

 

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