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Los dioses nunca van a entenderlo

II Premio Internacional de Poesía Gabriel Celaya

Por Deborah Antón

Nosotros escribimos, y los dioses nada tienen que decir al respecto. Indagamos, seguimos un rastro, enloquecemos; quizás buscando las respuestas sólo hallemos más preguntas. Escribimos con palabras de nadie, para nadie, en un ciclo sin principio ni fin. Nos creemos que las palabras son más nuestras que del aire que las contiene, más nuestras que del papel que les da cobijo. Nos olvidamos de la memoria, de la materia, de los espejos. La belleza está en todas partes y no precisa ningún plan. La poesía respira.

Quien escribe estas líneas no puede evitar simpatizar (¿o empatizar?) con poéticas luminosas como la de José Manuel Martín Portales. Patio interior es uno de esos poemarios inteligentes pero humildes, que dejan un regusto conocido en el paladar. A aves remotas, a sed antigua, a soledad fermentada. Dividido en tres partes (El borde de las naranjas, Llueve tu risa y La última esquina), nos inspira a creer en la perfecta imperfección de lo que tocamos («toda ausencia es corpórea»), en la armonía de la improvisación («porque todo clamor es hijo de la nada»).

Pidámosle aún al mar su vieja música. Trabajemos el silencio de nuestro huerto. Todos tenemos nuestro patio interior, aunque la vida no se pueda encerrar.

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