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Que hacer si el cuento de hadas termina y despiertas

Por Vanessa Díez

Una jaula de oro en el centro de Madrid. 120 m2 de ático decorado al detalle con todas las comodidades. Pero sentir que has dejado pasar los años, una vez pasado el duro golpe. Él se marcha con otra. Se aleja llevándose tras él el sueño que anhelaste durante años, ser madre. Tras doce años de matrimonio, después de haberlo intentado una y otra vez. Ahora se ha dado cuenta de que ya no te ama, de que no quiere tener hijos, más bien contigo, no quiere compartir la vida contigo, pues otra ha ocupado ya tu lugar, hace tiempo; pero no querías ver las señales. Escondida tras la máscara de mujer profesional te aferras al último suspiro.

La casa heredada de tus abuelos frente al Manzanares es como un bálsamo. Mantener la mente ocupada ahora es de vida o muerte. El trabajo es pura rutina y ya no pones el alma, está hecha pedazos y debe recomponerse, sólo necesita tiempo. Emprender un nuevo proyecto como empresaria. Una reforma y un nuevo horizonte. Cuando vivías con los abuelos no imaginaste que su casa sería de nuevo la tuya, en aquel momento te cegaba aquel príncipe que simulaba ser azul, creíste sus promesas, aceptaste casarte con él y la vida de cuento que te ofrecía en la gran ciudad. Un cuento de hadas que ha terminado y te ha hecho despertar.

Los abuelos se quedaron solos. Nunca dijeron nada. Fueron perdiendo las fuerzas y siguieron cada vez su rutina a pasos más lentos. Dejaron de reclamar tu tiempo y tu cariño. Comprendieron que tenías otra vida y que tu pareja no facilitaba el cariño familiar. Él prefería pasar los domingos descansando después de una larga semana de trabajo, tú pospusiste y alargaste las visitas cada vez más, dándole prioridad a él, compartir tiempo con él fue tu única prioridad. Él te compartió con el trabajo, con los amigos, con los hobbies y con la amante.

La reforma de la casa es toda una aventura. El constructor es un hombre callado que cojea por cada rincón, te plantea el proyecto y decides aceptar. No es alguien que hubieras dejado entrar en tu vida si se te hubiera cruzado tomando una copa con las amigas, pero el día a día deja ver las cosas desde otra perspectiva. Un ocupa negro que se convierte en ayudante. Una cocinera que tiene que ver con el pasado familiar. Y las estudiantes que se incorporan a la pensión. Todo un puzle de personajes. Considera necesario escribir unas reglas básicas para la convivencia de la pensión, pero nos daremos cuenta que en algún momento todas incumplen alguna de ellas, ahora la prioridad es vivir y para ello hay que sentirse vivo. En Se prohíbe mantener afectos desmedidos en la puerta de la pensión Mamen Sánchez nos trae la historia de Cecilia pasados los cuarenta, una de volver a empezar, de vivir con lo que tienes y ser feliz.