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Cartas que recorren medio siglo XX

Por Vanessa Díez

Un personaje da vueltas en tu cabeza, aquello que le atormenta, qué mueve su vida, su forma de ser, qué le sucede, cómo es, las experiencias que sobrelleva, sus sufrimientos y alegrías, … plasmarlo y de qué forma hacerlo también es otro giro de tuerca en el puzzle de la ficción. Cada proyecto te acapara y te exige hasta que consigues sacarlo de ti para ofrecerlo al mundo. Elizabeth Forsythe Hailey es una autora honesta, que nos confiesa las inseguridades sufridas durante el proceso creativo de “Una mujer de recursos”, aunque fue éxito de ventas.

Se basó en la vida de su abuela para crear el personaje femenino protagonista. Bess es una mujer que tiene claros muchos de sus objetivos para emprender una vida en común, uno de ellos es la igualdad de condiciones en el matrimonio, tanto del hombre como de la mujer, y eso pasa por el reparto de gastos de forma equitativa. Además ella con la herencia percibida ayudó a su marido a comenzar su negocio en el mundo inmobiliario, en los recibos vamos viendo las devoluciones que él le hace de los pagos. A través de las cartas que escribe a familiares y amigos somos testigos de aquello que le preocupa, de lo que echa de menos al irse lejos de su familia a comenzar una vida propia, de los problemas, alegrías y cambios en su día a día.

Un personaje fuerte que rompe con lo establecido para vivir su vida sin que los demás lo hagan por ella, su forma de vivir aprovecha más el momento antes que soportar las convenciones sociales, por las cuales en muchas ocasiones debería haberse quedado en casa con su marido en vez de viajar sola por parte del mundo para descubrir lugares nuevos maravillosos tan distintos a lo que tenía alrededor normalmente, pero aunque en apariencia frívola veremos que la vida la había azotado tanto durante unos años a base de desgracias que en cuanto pudo levantarse por su propio pie quiso bebérselo todo y aprovechar el momento, aunque fuera sola y los demás no la acompañasen en su andadura, aún quería volar para alejarse y no sufrir.

Una mujer singular que se rehízo ante la desgracia y la muerte, el origen de su fortaleza y su alegría de vivir, que vivió su vida sin mirar a los demás, disfrutando cada momento como mejor pudo y más durante los últimos años, cuando ya se dio cuenta que no había forma de reparar lo hecho con los hijos, que no recuperaría lo perdido ni a los ausentes, y que sólo le quedaba viajar, seguir sobreviviendo, pues ella era la única persona a la que ya se debía. Testigo de muchos de los cambios para la mujer durante el siglo XX, una mujer liberada que nunca se marcha de casa, siempre acaba volviendo a su faro, su familia, su fuerza, el origen de todo.