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“Nunca pudimos ser otra cosa que isleños”

Por Deborah Antón

Octubre: extraña época de lluvias en casi todo nuestro territorio, normalmente soleado. Para la gran mayoría territorial, nuestro país es un país de sol. La lluvia sólo llega como una especie de ritual de purificación, en contadas ocasiones al año, como indicio de un nuevo comienzo. Como un presagio, como un hito. Nada que ver con el Dublín dibujado por Eavan Boland, territorio de lluvia necesaria. Lluvia cotidiana, lluvia constante. Nos puede resultar difícil imaginarlo pero, en otros lugares, lo hermoso y lo añorado es la lluvia. Lo deseable, lo arraigado, lo preciso.

La raigambre resulta una palabra clave cuando hablamos de una cultura como la irlandesa, necesariamente marcada por la autodeterminación. “Siempre hay un lugar donde empieza un cuento – donde un dios / demuestra que es un dios por la suma / no sólo de alas y tendones en sus hombros // sino también del horizonte que se levanta – ríos, montañas, faros (…)”. En Violencia doméstica se hace sentir la atracción instintiva hacia el paisaje, su historia, los olores y sonidos de la isla. Valores que se inculcan paulatinamente, generación tras generación. “Comprender dónde vives es, en primer lugar, / conocer sus ruidos que se memorizan / sin que sepas lo que son, por ejemplo // el tiempo: lo que empieza después de medianoche tras la quietud / es el clink-clink que la lluvia irlandesa hace en su viaje por / un jardín de las afueras (…)”.

Conocer un lugar es apropiarse de su dolor: “En esa temporada, de repente, nuestra isla / reventó sus viejas úlceras para que todos las vieran”. Habitarlo es habitar la propia lengua, la magia que un idioma representa siempre; un idioma oprimido y más tarde rescatado; una “poesía tóxica” que nos llega “como si viniera de una garganta abrasada”. Se recupera también el testimonio de las mujeres, plasmado en el motivo de la tejedora. Mujeres históricamente silenciadas, como la referencia al mito de Filomela, Procne y Tereo, o como el poema (premiado en 2007) “Violencia contra las mujeres”: “Las ruedas giraban, la jenny trabajaba, una poesía / sincera fue cantada por la corriente / y acabó con ellas”.

Eavan Boland nos ofrece su testimonio de manera humilde y a la vez rotunda. Su testimonio se hace palpable, y nos lo muestra así: “Creo que la superficie de las cosas / apenas puede sujetar lo que está debajo de ellas”. Esta sería precisamente una buena definición de lo que es la poesía.

Por lo que se refiere a la obra en su forma más externa, me parece que la editorial Baile del Sol debería cuidar más la edición y la maquetación de sus publicaciones, porque no son pocas las erratas que se pueden encontrar. Se les suele disculpar por la calidad de las obras que publican, pero dichas obras merecen ver la luz en unas condiciones óptimas, a la altura de sus contenidos.

 

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