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Poemario de grandes ambiciones

Por Deborah Antón

Es curioso: hay autores que se dan al entusiasmo, como si escribir los hiciera libres y los mantuviera jóvenes, y sintieran la necesidad de comentar y capturar cada acontecimiento. La sensación que le queda al lector en esos casos es de exceso, de vida inabarcable. Un poemario debería reunir lo mejor de un poeta en torno a una idea o a un tema, y no toda la producción de dicho poeta en un momento determinado. Este último parece ser el caso de De cuando quise acariciar el cielo con mis propias manos, poemario de grandes ambiciones reflejadas en el título.

Algunos de los poemas incluidos, al leerlos, dan la impresión de que podrían ser unas letras de rap cojonudas. Tienen una mezcla de ritmo y narratividad, formando un todo musical y haciendo al lector disfrutar en su trayecto. El autor teje un hilo discursivo con temas actuales en un entorno urbano, y lo sostiene con una gran acumulación de palabras e ideas que a veces son acertadas. Hay algunas imágenes memorables: la “lluvia sobre sombras chinescas”,  el “fantasma de Goya ante una hoja en blanco”, un “corazón aún sin pintar”.

En ocasiones, y a pesar del título, el autor tiene los pies en la tierra, sobre todo en esos momentos en que se tratan problemas de temática social: un ex-convicto que intenta reinsertarse, la prostitución, la mendicidad… Aquí el autor no renuncia a emplear un lenguaje directo. Con todo, resultan muy distractorias las numerosas rimas incontroladas y algunas imágenes predecibles, que restan originalidad al conjunto.

Creo que el poemario contiene cierta frescura, pero le falta madurez. A veces hay que saber que uno no todo lo puede, que hay limitaciones necesarias, que no podemos decirlo todo aunque hagamos el ejercicio de querer intentarlo.

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