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Las guerra de Zomeño

Por Eduardo Boix

Tal vez las mitomanías nos hagan perder cierta objetividad. Tendemos a adorar ciertas etapas del pasado, del presente incluso, y acabamos por dotar de cierto halo de misticismo a épocas pasadas. Muchos escritores, poetas, pintores han tratado la época de entreguerras. Ese mundo nuevo que se abrió a tantos europeos y que crearon una melancolía colectiva que hoy perdura. Muchos son los que han hablado del tema pero uno de ellos fue el gran señor de la poesía de guerra, Wilfred Owen, que supo crear las atmósferas y el clímax de él cogió el testigo Jesús Zomeño.

De este pan, de esta guerra de Jesús Zomeño editado por ediciones Contrabando cierra la trilogía de la guerra de Zomeño. No es un libro de trincheras es un libro de retaguardia, donde el lirismo está presente en cada relato de los que componen el libro. Es un libro sobre el miedo y su consecuencia. Jesús desmitifica ese periodo bélico mostrando los miedos y las miserias del ser humano. Las alambradas, los tullidos no solo son por lo físico también lo son moralmente. La ausencia de escrúpulos o los excesos del mismo, la camaradería o su ausencia, la muerte del alma o de la persona, son los temas en los que transita la narrativa de Zomeño.
De este pan, de esta guerra es un libro unitario. De la anécdota de la fotografía nos construye su universo. Hay cierta madurez en los textos de Jesús. Ha pulido estilo como el buen artesano que es. Se percibe la maestría en la poesía, que le lleva a crear los universos de la forma que los crea. La intensidad se palma en cada frase. Se nota que todo esta medido al milímetro, estudiado con la precisión del arquitecto que crea el palacio. Ante todo De este pan, de esta guerra es un libro de autoexploración. Es Jesús Zomeño abierto en canal, con sus miedos y sus dudas. Cada personaje de cada cuento es él, su esencia o lo que queda de ella. Por mucho que quiera, Jesús no deja de ser un poeta, que ve la vida con sus ojos de lírico y que nos traslada más allá de las alambradas, de la pólvora a su propio mundo interior. De este pan, de esta guerra es una celebración en si misma. Brindemos por ello.

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